lunes, 3 de mayo de 2021

Prestigio o Dominancia ¿Cuándo utilizar estos Estilos de Liderazgo?

 


John Maner, profesor de Management en Kellogg School of Management, en hbr.org plantea que los buenos jefes oscilan entre dos tipos de liderazgo que se centran en el prestigio o la dominancia. Estos dos estilos reflejan dos estrategias que los profesionales utilizan para navegar a través de las jerarquías sociales y organizacionales. Liderar usando la influencia significa que influimos en los demás por ser asertivos y equilibrando nuestro poder y autoridad formal. Liderar a través del prestigio implica que desplegamos nuestro conocimiento y experiencia y animamos a nuestros colaboradores  a que nos sigan. En el primer caso los profesionales normalmente no tienen más elección que seguir al jefe y en el segundo la deferencia hacia el líder es más negociable.

Los líderes dominantes alcanzan sus metas afianzando su rol como jefes, incentivando a las personas con bonos y promociones y coaccionando a los profesionales con amenazas de castigos. En las reuniones llevan la voz cantante y pueden llegar a bajar el volumen de su voz como forma de intimidar a los demás. Este tipo de líderes ansían el poder porque les permite tomar decisiones sabiendo que le tienen que seguir. Lideran a través del miedo.

El prestigio, por el contrario significa influir en los demás por medio del despliegue de sabiduría y  experiencia y siendo un ejemplo. Permite influir en los demás hasta en la ausencia de una autoridad formal. Los líderes que gozan de prestigio disfrutan con el respeto y la admiración pero no están tan interesados como los dominantes en tener poder o en salirse siempre con la suya. En muchos casos permiten que sus colaboradores marquen el rumbo mientras ellos dirigen sutilmente desde la retaguardia.

Ninguna de estas estrategias es mejor, dependen del momento. Si queremos ser muy eficaces como líderes debemos ser capaces de diagnosticar  las situaciones y adoptar el enfoque de liderazgo que se adapte mejor:

1.- DOMINANCIA.

Es más recomendable cuando el trabajo del líder consiste en alinear a todos rápidamente para actuar en la misma dirección, como por ejemplo en tiempos de crisis o ante una fecha de entrega muy cercana. Estas situaciones demandan con frecuencia que el líder tome fuertes decisiones ejecutivas sin preocuparse demasiado si alguien se siente molesto. También funciona bien en culturas organizacionales marcadas por una cadena clara de mando en la que se espera que los líderes den las órdenes y los subordinados las cumplan.

El problema con la dominancia es que a muchas personas no les gusta que les ordenen hacer algo sin razones. Por este motivo los líderes dominantes no suelen ser muy queridos y su estilo de liderazgo puede minar sus relaciones con sus compañeros. En una investigación realizada por el autor y sus colaboradores  han encontrado, también, que los líderes dominantes son amenazados con facilidad  por miembros del equipo con talento que pueden estar en una posición de brillar más que el líder o de desbancarle. Por esta razón cuando surge una estrella emergente en el  equipo pueden tratar de suprimir a la persona a través del ostracismo, del seguimiento permanente para evitar cualquier tipo de desviación y evitando que formen relaciones y alianzas con otros miembros del equipo.

Para liderar con eficacia deben intentar mantener a raya a sus egos y vencer las dificultades derivadas de su liderazgo dominante que impiden que mantengan una buena relación con sus colaboradores. También deben intentar ver el mundo desde los ojos de los demás, para a través de contemplar  las distintas perspectivas entender qué es lo que motiva a sus profesionales y ser conscientes de cómo se sienten al no ser valorados.

2.- PRESTIGIO.

Esta estrategia funciona bien si el líder trata de desarrollar a sus colaboradores. El líder va a contribuir facilitando contribuciones esenciales para generar ideas y en el proceso de toma de decisiones pero al mismo tiempo escuchan a los demás e incorporan sus opiniones. La escucha es tan importante como el hablar para estos líderes. De esta forma son capaces de crear un entorno de seguridad en que los miembros del equipo sienten que son respetados y con libertad para innovar y generar soluciones creativas. En este sentido liderar a través del prestigio con frecuencia implica liderar desde atrás.

Es un liderazgo útil en culturas organizacionales en las que se fomentan relaciones relativamente igualitarias entre los profesionales y en las que las personas en todos los niveles de la organización están acostumbradas a que sus puntos de vista se escuchen y respeten.
                                       
Entre los puntos débiles de este estilo tenemos el hecho de que con frecuencia el líder se preocupa demasiado de lo que piensen de él lo que le puede llevar a tomar malas decisiones. Para evitar este problema el líder puede intentar ser más transparente con respecto a las decisiones complicadas y explicar cómo se ha llegado a ellas o compensar los efectos de un feedback negativo ofreciendo la posibilidad de mejora al profesional.

Maquiavelo escribió: “Las personas se movilizan por dos impulsos principales: amor o miedo”. Los mejores líderes entienden ambos y utilizan ambas herramientas la dominancia y el prestigio para poder adaptarse a la variedad de situaciones que se plantean en el mundo laboral y en las distintas culturas organizacionales. Madurar como líder supone ser capaz de diagnosticar el tipo de liderazgo que es necesario en cada momento y desarrollar la estrategia que funcione mejor.

Isabel Carrasco
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Vacunas y gatos fluorescentes: el boom de la biotecnología “a todo ritmo”

 


En una de las primeras novelas de Ernest Hemingway se describe un personaje que “primero se desmorona gradualmente y luego en forma abrupta”. En el campo económico, Rudiger Dornbusch enunció un concepto similar: En economía las cosas siempre suceden más lento de lo que uno supone, pero cuando suceden, lo hacen más rápido de lo que se pensaba”.

En ambos casos, se trata de una dinámica propia de los sistemas complejos (la vida y la economía lo son, al fin y al cabo), llenos de exponencialidades, cascadas, puntos de quiebre y escenarios imposibles de pronosticar. Esto sucede para mal (el lado que más nos llama la atención), pero también para bien. En el terreno de la pandemia, los casos se dispararon en la segunda ola siguiendo patrones de los sistemas complejos, pero también la producción de vacunas da sorpresas positivas: según el sitio Airfinity, las primeras 1000 millones de dosis de vacunas se produjeron hasta el 12 de abril; las segundas 1000 millones van a estar listas poco menos de dos meses después, el 27 de mayo. Como el personaje de Hemingway: “Primero gradual, luego repentino”.

“En biotecnología hoy podemos hacer cosas que hace un par de décadas parecían imposibles; y otras que vemos en series de ciencia ficción que en realidad ya son posibles desde hace mucho tiempo y no se concretan por temas regulatorios. La línea entre ficción y realidad es difusa”, cuenta el genetista y emprendedor Esteban Lombardía, experto en biología molecular y fisiología bacteriana. Junto a su socio Adrián Rovetto, otro exConicet, dirigen Terragene, desde donde importan un 95% de su producción de indicadores para procesos de esterilización. “Pero, ciertamente, hoy estamos viendo un boom sin precedentes anclado en herramientas como la secuenciación, Crispr y síntesis de ARN, entre otras”, agrega.

Por la cantidad y calidad de recursos humanos en ciencias de la vida que hay en la Argentina, Lombardía cree que esta es la ola de cambio donde el país puede estar más cerca de la “cresta”. En otras tecnologías, como inteligencia artificial (IA) o computación cuántica, ya estamos muy lejos porque son capital-intensivas (se estima que una ronda de entrenamiento de GPT4, la próxima generación de lenguaje natural en IA, costará en el orden de los cientos de millones de dólares, por caso). Hoy, el genoma humano se puede secuenciar en tres horas y las herramientas de Crispr (una técnica de edición genética) están al alcance de decenas de startups y proyectos en Argentina.

“Los contagios de Covid-19 se dispararon en la segunda ola, pero la producción de vacunas dio sorpresas y ganó mucha velocidad”

La pandemia puso en un lugar de nuevo protagonismo a las ciencias de la vida (que exceden al negocio de la salud y hoy apuntan a disrumpir los de energía, alimentación, almacenamiento de información y también otros). El ejemplo más conocido es el de la revolución de la terapéutica con ARN mensajero (detrás de las vacunas de Pfizer y Moderna). Ya en 2018 la revista Nature había calificado como “brillantes” a las perspectivas de esta metodología, pero en 2020 se pudo desplegar todo su potencial, que se podrá aplicar a otras enfermedades además del Covid.

Los sistemas complejos (una forma de analizar el mundo, los mercados, los seres humanos desde la perspectiva de infinitos nodos y sus interconexiones) conforman un seteo mental mucho más extendido en la biología que en otras disciplinas. Y la complejidad es la mejor manera de entender este mundo en el que, como decía Pancho Ibáñez, “todo tiene que ver con todo”.

Un ejemplo que acerca Lombardía: las limitaciones regulatorias y la imagen que acumularon en los últimos años los procedimientos con alteraciones genéticas hicieron que los laboratorios apostaran más fichas al ARN mensajero (que no modifica el ADN) y por lo tanto estuvieran en la “pole position” en el primer trimestre de 2020, cuando explotó la pandemia, para producir en un tiempo mucho más corto la nueva generación de vacunas. Otro tanto sucede con la inteligencia artificial y el uso de aprendizaje profundo para predecir dónde vale la pena invertir horas de trabajo humano en biología, una vía que sirvió para encontrar nuevos tratamientos contra el Covid y que va a acortar dramáticamente los tiempos en el campo biotech, que siempre fueron muy extensos y con costos elevadísimos.

La serie alemana Biohackers muestra lo que en innovación se llama un “próximo adyacente”un futuro cercano donde estudiantes de primer año de la Universidad de Friburgo realizan todo tipo de proezas en el terreno de la biotecnología. La serie fue muy criticada por biólogos en redes sociales, por sus inconsistencias.

Lombardía, que estudió genética en Misiones, precisa que varios de los detalles que se cuentan allí como ciencia ficción (un ratón fluorescente, por caso) son ya posibles desde hace varios años y la velocidad de cambio está más dada por regulaciones que por disponibilidad tecnológica. En Corea se clonaron gatos fluorescentes por primera vez en 2007.

“La ciencia ficción es un formato útil para pensar cosas de a una, pero tal vez la parte más extraña del mundo no sea ninguna innovación o evento específico, sino la forma en que los cambios se acumulan e interactúan constantemente, una especie de música de fondo de ‘weirdness’ (rareza) que subestimamos porque casi que nos acostumbramos a ella”, explica el científico de datos y tecnólogo Marcelo Rinesi. “El cliché es preguntar por los autos voladores, las inteligencias artificiales con auto-conciencia, o los viajes a Marte, pero vivimos en un mundo donde todos los días hacemos masivamente secuenciamiento genético de potenciales variantes de un virus pandémico, usamos redes neuronales para diseñar redes neuronales, nos vamos quedando sin juegos donde los humanos no somos obsoletos y los lanzamientos de cohetes son rutinarios”, agrega.

Para Rinesi, “el impacto más fuerte, más invisible y más extraño no está en cada tecnología individual, sino en lo que sucede cuando se hunden en los cimientos del mundo. Lo único más difícil de ver que lo radicalmente nuevo una vez que se ha vuelto constitutivo del mundo, es lo radicalmente nuevo una vez que se ha vuelto constitutivo de nosotros mismos”.

“Tanto o más que en un mundo de ciencia ficción espectacular, vivimos en un mundo de "nueva rareza", uno donde subestimamos lo radicalmente extraño porque la mayor extrañeza no está en eventos o tecnologías puntuales, sino en la infraestructura de nuestra realidad”, continúa el tecnólogo, “Hay más de raro –a veces de horroroso, a veces sublime, a veces las dos cosas– en lo que sucede todo el tiempo, en los avances de la ciencia y la tecnología que nunca llegan a ser mencionados en la televisión porque son simultáneamente fundacionales y esotéricos, que en los productos o eventos que miramos y pensamos “esto es ciencia ficción.”

Sebastián Campanario 

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domingo, 2 de mayo de 2021

¿Pueden ser las escuelas de negocios los nuevos cazatalentos?

 


Formar a los mejores profesionales es el objetivo de las escuelas de negocios, que cuentan con las empresas y los intermediarios laborales como aliados perfectos para tantear las necesidades del mercado laboral. Aunque reclutadores y formadores aseguran que se complementan, en algunas ocasiones la línea que les separa para identificar el talento puede ser demasiado fina.

Harvard puede presumir de ser una de las escuelas de negocios más famosas del mundo, pero no impresiona a algunos reclutadores. El último ránking de Bloomberg Businessweek la sitúa por debajo del vigésimo lugar, una clasificación que encabeza Stanford. Un total de 3.700 reclutadores evaluaron la reputación y la creatividad de sus graduados para elaborar este listado, un referente que los intermediarios laborales tienen en cuenta para valorar la calidad de la formación de sus candidatos. Los recién titulados y los profesionales también miran con lupa estos rankings para escoger el centro que les puede conducir al mercado laboral en mejores condiciones o avanzar en su carrera. Unos y otros son los clientes de estos centros que alimentan el talento que demanda el mercado laboral.

El objetivo está bastante claro: formar a los profesionales que necesitan las empresas para ser más competitivas. La cuestión es si en posesión de ese talento pueden convertirse en los cazatalentos del mañana. Los responsables del departamento de salidas profesionales de IESE, IE, Esade e EIGE coinciden en que su trabajo complementa al de los headhunters, en tanto y cuanto forman a los líderes del mañana. Sin embargo, reconocen que en ocasiones proponen candidatos a petición de las empresas, y también a los cazatalentos cuando se enfrentan a procesos de búsqueda complicados. Por su parte, estos últimos aprecian cierta competencia desleal de estos centros tomando como excusa los programas de gobierno corporativo que desarrollan para las organizaciones.

Los reclutadores aseguran que la formación no
es la única fuente para identificar talento

"Algunas pretenden posicionarse en este ámbito proponiendo consejeros y deberían ir de la mano de expertos", asegura el socio de una de las principales firmas de headhunters que opera en España. Añade que suelen ser empresas familiares de tamaño medio las que aceptan estos candidatos, ahorrándose así el coste que supone contratar el servicio de búsqueda directa de un consejero que encaje en su organización. Ramón Gómez de Olea, socio director de Russell Reynolds, subraya que una cosa es proponer un nombre y otra muy distinta trabajar en la mejor composición de ese consejo: "Nuestro trabajo es garantizar que el proceso de gobierno corporativo es el correcto compensando las capacidades de cada uno de sus miembros, entender la estrategia de la compañía y, conforme a esos valores, localizar a la persona más adecuada". Añade que si una escuela de negocios facilita un nombre corre el riesgo de caer en un conflicto de intereses que no le beneficia.

El tándem perfecto

Luis Carvajal, socio de Egon Zehnder, cree que a las escuelas de negocios les corresponde otra función. Esta firma de cazatalentos lleva años trabajando con Harvard en temas de liderazgo y también tiene presencia en el consejo asesor del IESE. "Les pedimos que nos ayuden en temas de conocimiento y liderazgo. Nosotros colaboramos con las escuelas de negocios aportándoles la realidad del mercado laboral, mientras que ellas se ocupan de preparar al líder del futuro". Carvajal apunta que también se apoyan en la capacidad de investigación de estos centros para asegurarse de que la metodología de evaluación que llevan a cabo en la identificación de ejecutivos es la correcta.

Samuel Pimentel, presidente de Ackermann International, también abunda en este matrimonio de conveniencia: "Son una fuente de talento, y nosotros un agente de referencia en el mercado laboral y un socio para brindar oportunidades de salida profesional a sus alumnos y conocimiento del estado del mercado y de cómo gestionar sus carreras profesionales". Al igual que el resto de los headhunter consultados asegura que imparten clases y conferencias para acercar la realidad del mercado laboral a los alumnos y exalumnos de estos centros. Para Plácido Fajardo, socio director de Leaderland, está claro que las escuelas de negocio son más desarrolladoras de talento que identificadoras del mismo: "La actualización permanente es un imperativo para los buenos directivos que buscamos, mucho más en estos tiempos de cambio. Las escuelas son una gran ayuda para hacer conscientes a los directivos de esa necesidad de actualización". Aunque Fajardo observa que "es cierto que los profesores pueden detectar capacidades singulares en los alumnos que destaquen, pero creo que no hay -o al menos lo desconozco-, un proceso formal mediante el cual esta identificación esté suficientemente consensuada y contrastada entre los docentes, y además quede registrada para darle una utilidad posterior concreta".

 Los profesores pueden detectar talento, pero
los 'headhunters' sólo los consideran una inspiración

Así, Ana Herranz, directora de servicios para antiguos alumnos y working profesional del IE, explica que ven a los cazatalentos como colaboradores, no como competidores, lo que no exime de que en alguna ocasión sus profesores propongan algún candidato a petición de empresas o headhunters. María Ángeles Losa, directora del Career Management Center de IESE, coincide en que se ocupan de formar a los directivos y también los preparan para ser buenos consejeros: "Los headhunters son los que se ocupan de la selección. Nosotros les proporcionamos acceso a un pool de talento. Contamos con una base de datos que les abrimos y también les ofrecemos la opción de colgar ofertas, algunas en ciego, a las que pueden aplicar nuestros antiguos alumnos".

María Obiols, directora de carreras y profesiones de Esade, también menciona este tipo de colaboración con los expertos en búsqueda de talento pero, como Herranz, matiza que la red de contactos que maneja la escuela juega un papel muy importante a la hora de identificar a posibles candidatos a un puesto. "Es normal que un profesor en alguna ocasión haya ayudado a un cazatalentos en la identificación de un profesional concreto, y que le considere una fuente de inspiración", comenta Obiols, quien es consciente de la posición de privilegio que tienen para conocer a posibles candidatos a un puesto que cubra las necesidades laborales de las empresas: "En cualquier caso, no creo que nos vayamos a hacer daño en este sentido porque se trata de situaciones muy puntuales. No se tiene que entender como una competencia. Nos complementamos. Las escuelas de negocio y el mercado laboral forman parte de un ecosistema para el crecimiento global".

Amenaza o aliados

Pimentel asegura que en ningún caso consideran a las escuelas de negocios una amenaza sino un aliado: "En el mercado laboral intervenimos muchos y muy diferentes tipos de actores, y en el caso de escuelas de negocio y cazatalentos lejos de ser competidores somos agentes con roles completamente distintos, pero al mismo tiempo muy complementarios. Ellas forman y nosotros buscamos candidatos entre los mejor formados".

Las escuelas son un complemento que ayuda a
agilizar y mejorar la colocación de profesionales

Arancha Ruiz, cazatalentos y autora de Qué busca el headhunter (Ed. Conecta), explica que "si algunas han comenzado a competir con los headhunter no es algo que resulte una amenaza, sino más bien un complemento que ayuda a agilizar y mejorar la colocación de profesionales. Una escuela de negocios nunca antepondrá una comisión a que un estudiante se coloque, porque no es su negocio".

Sin embargo, Ruiz plantea que si fueran competidores lo serían en lo que denomina la co-petición, es decir, colaborar para competir: "Si una empresa acude a una escuela de negocios a buscar talento porque su servicio de carreras profesionales es capaz de ofrecerle una buena terna de candidatos entre sus estudiantes, entonces el headhunter podrá asociarse al centro para complementarle en la parte de captación de sus necesidades y elaboración del perfil y juntos ofrecer un servicio integrado mucho mejor para las corporaciones. O en cualquier caso, la actividad en competencia de escuela de negocios y headhunter puede provocar que se copien prácticas que el uno tenga mejor que el otro y así, los dos mejoren, para beneficio de todo el mercado".

Las reglas de un matrimonio de conveniencia

En su afán por conocer las exigencias del mercado laboral, cada vez más, las escuelas de negocios desarrollan programas y encuentros que ponen en contacto a sus alumnos con los principales reclutadores del mercado laboral. IESE ha puesto en marcha el Career Management Center, un departamento que ofrece a sus antiguos alumnos -"alumni"- un servicio de asesoramiento de carrera, el acceso a un programa de "mentoring", recursos online para el desarrollo profesional y un "job board", a través del que tienen la oportunidad de estar en el CV Book de IESE Alumni al que pueden acceder los reclutadores. IE y Esade también ponen a disposición de sus alumnos todo tipo de servicios para facilitar su acceso al mercado laboral o a otro puesto de trabajo para avanzar en su carrera. También organizan talleres que ponen en contacto a alumnos y reclutadores. 

En este matrimonio de conveniencia entre reclutadores y escuelas de negocios existen peticiones por ambos lados. Si los primeros demandan un filtrado más exhaustivo de los candidatos ante una solicitud y discreción exquisita, las escuelas echan en falta una actitud más proactiva por parte de los "headhunter". Eva Valbuena, executive director de Talent & Careers de IE University, sugiere a estos expertos en identificación de profesionales que les consideren una fuente de talento y sean más proactivos en este sentido y que ofrezcan un asesoramiento y consejo de carrera complementario. 

Montse Mateos
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Mentores, ¿Los druidas modernos?


Aristóteles dijo hace más de 2.300 años que “uno no sabe lo que sabe hasta que puede enseñar a otro”. Reflexión notable para los que quieren ser mentores y no saben cuándo lo han conseguido. Solo los resultados de los mentees otorgan carta de naturaleza al mentor.

La palabra “druida” tiene muchos significados: sacerdote, hechicero, filosofo, predictor del futuro, conocedor de alguna ciencia, etc.; y persistiendo las dudas sobre su existencia, eran, aunque sea en la leyenda, personajes con una impronta excepcional en la sociedad por su sabiduría; adquirida ésta, a lo largo de años de una instrucción secreta que luego vertían en la sociedad que se la había procurado.

Los mentores no son leyenda, ya lo fue Aristóteles en el 343 a. C., y, nada menos que de Alejandro Magno. Si las consecuencias de lo que éste aprendió de aquél, fueron la conquista del mundo de aquel momento, y el Helenismo, algo debió hacer Aristóteles que valió la pena.

No pretendo que los mentores seamos como Aristóteles, aunque si conociésemos cómo fue su mentoring, seguro que sacaríamos conclusiones positivas. Lo que intento, basado en mi experiencia, es apuntar unas cuantas habilidades que creo deben atesorar los mentores para, sin garantías de éxito, comenzar la senda de su función sin estar condenados de antemano al fracaso.

Cuando los druidas utilizaban el muérdago o Aristóteles la filosofía para sus enseñanzas, hacían lo mismo que nosotros, los mentores modernos, cuando usamos de forma meditada nuestra experiencia. Hemos disfrutado del árbol del conocimiento durante años y, si lo hemos aprovechado, utilizaremos la esencia de su “muérdago” para nuestros hechizos pedagógicos. Como los druidas, debemos devolver a la sociedad parte de lo que nos dio en forma de tutela e instrucción.

Más allá de la prosa anterior, la marmita de nuestro conocimiento debe estar aromatizada con elementos que faciliten su asimilación por aquellos llamados a la “mesa”. Es habitual que cuando comenzamos un proceso de mentoring, éste lo sea a “puerta fría”. No conocemos a nuestro mentee, ni él nos conoce a nosotros; luego parece razonable pensar que la primera herramienta de un buen mentor es la empatía.

Esta habilidad, bien utilizada, nos permitirá establecer un clima de cercanía entre ambos que facilitará el dialogo posterior. Para generar ese clima, no está de más explorar de antemano ciertos aspectos de la vida personal y profesional de nuestro mentee. Ello sin exagerar, no nos vaya a confundir con algún psicólogo en busca de nuevas experiencias, o pequemos de soberbia haciéndole creer que lo sabemos todo sobre él.

Una vez establecido contacto, muy lejano todavía, aunque ya se han cruzado sonrisas nerviosas, miradas esquivas y preguntas inconexas; hay que abrir el mundo de las emociones y su llave es la confianza. Ésta sólo se gana con honestidad que, por recordar su significado filosófico, es “una cualidad humana que consiste en actuar de acuerdo a cómo se piensa y se siente”.

De igual forma que tratamos de escudriñar en el interior de aquel que tenemos enfrente, somos observados y analizados por él. Cometeríamos un error si minusvalorásemos su capacidad para el análisis y el aprendizaje, actuando de forma contraria a como somos. Se nos verá “el plumero”, valga la expresión, y en la segunda sesión estaremos fuera.

Ya hemos sonreído y compartido algunas verdades personales, nada íntimo, aunque, en cualquier caso, depende de la valentía de ambos. ¿Y ahora qué? ¿Cómo se sigue? Toca pasar de “las musas al teatro” y sigue sin ser fácil. Es la hora de la humildad.

Por tener los años que tenemos y la experiencia acumulada que suponemos tener (siempre se tiene pero a veces no se sabe transmitir de forma eficaz), corremos el peligro de ser arrogantes, de creernos poseedores de la última verdad y de estar de vuelta de todo. Si esto es así, habremos perdido la capacidad para aprender y este ejercicio del mentoring es de ida y vuelta, es decir; si das recibes, los dos aprenden. Todo nos puede ser perdonado menos este pecado, la soberbia nos saca del proceso.

Es obvio que tenemos una historia detrás y es parte de esa historia la que nuestro mentee necesita. Quizás no sea la profesional tanto como la emocional. Debemos saber ponernos en sus circunstancias haciendo acopio de la empatía. Él quiere aprender y progresar desde el nivel en el que está y no podemos ni debemos dar pasos de gigante.

Nuestra marmita necesitó años para destilar la esencia que estamos tratando de transmitir y su asimilación tiene que estar asegurada. Necesitamos una dosis enorme de pragmatismo y templanza. No valen las instrucciones complejas ni los términos de psicología barata para explicar emociones. Es el corazón el mejor maestro. Solo nuestro ejemplo, en el éxito y en el fracaso, les resultara útil.

Añadido a todo ello y dado que incurrimos en una parte relevante de la sociedad, no estaría de más fortalecer los valores morales y éticos a la vez que aquellos que, suponiendo que sean diferentes, igualan los géneros. Ello, con mayor o menor hincapié, dependiendo de aquel con el que interactuamos.

Hasta el momento, hemos utilizado tres habilidades básicas, empatía, confianza y humildad, para abrir el resistente “cascarón emocional”, para quitar miedos a lo desconocido (nosotros); en definitiva, para mostrarnos el uno al otro. Si lo hemos conseguido, se tiene que notar en la actitud del mentee, más abierta y participativa. Debería comenzar a compartir sus experiencias, sus temores, sus deseos y sus dificultades, y nosotros deberíamos escuchar.

Escuchar es otra de las artes del buen conversador y por ello, del buen mentor. Escuchando ayudaremos y aprenderemos más que hablando, porque podremos, en un momento determinado, desvelar los puntos débiles de nuestro mentee, es decir, aquellos sobre los que tenemos que hacer especial énfasis.

Llegados a este punto en el que la “caja de Pandora” está abierta, creo que se nos plantea tanto a los coach como a los mentores, cual es la línea que separa un tipo de función y/u objetivo del otro. Es más, no creo que nos paremos a analizar la diferencia porque una vez abierta la brecha no es tiempo de correcciones. Sin embargo esa línea existe y, para mi está clara.

La función del mentor crea dependencia, y el tiempo que permanezca la misma estará directamente relacionado con la confianza conseguida entre ambos que, a veces, se prolonga durante años. Si no es así, en la dimensión que sea, no se ha conseguido el objetivo. Parece, pues, razonable pensar que la dependencia solo se crea cuando lo que se pone en juego es algo más que un objetivo a corto plazo y, de una u otra forma, cuantificable; que es, si no estoy equivocado, lo que persigue el coaching.

Tratando de ahondar en las diferencias entre ambas funciones; el mentor, con amplia experiencia profesional y éxitos y fracasos a sus espaldas, crea una relación con el mentee que se traduce en una guía que facilita su crecimiento personal y, porque no, profesional. El vínculo del mentoring es más intenso con lo personal que con lo profesional, sin olvidar lo último; y pone el foco en la relación que se genera entre mentor y mentee. Consecuencia de ello, necesita relaciones duraderas en el tiempo, que generen el clima de confianza necesario para que el mentee comparta con su mentor sus preocupaciones y dudas. Lo que se obtiene de esta relación, casi nunca es tangible y por tanto de difícil medida. Transciende lo meramente laboral y aspira a conseguir logros del tipo de la conciliación entre la vida personal y laboral, la mejora de la autoestima, la gestión de conflictos, la influencia de aspectos éticos en lo profesional, etc.

Por su parte la función del coach, también un profesional con experiencia pero con la posibilidad de responder a un umbral más “juvenil”, puede definirse como un proceso dirigido a conseguir en el mínimo plazo posible, de hecho se planifica el objetivo, la maximización de la capacidad ejecutiva, del mentee en un momento determinado del tiempo. El coaching suele implicar una relación en el corto plazo entre el coach y el coachee, hasta el punto que, en ocasiones, con pocas sesiones se consiguen los objetivos y finaliza la relación. Por ello, el proceso suele estar centrado en conseguir resultados para tareas muy circunscritas al ámbito profesional, como puede ser la mejora de la gestión de equipos, el crecimiento de la visión estratégica, hablar en público con mayor solvencia, maximizar el uso de la redes de influencia, conseguir mayores ventas, etc.

En el coaching, una vez obtenido el resultado, terminó el proceso porque se piensa en objetivos inmediatos, mientras que el mentoring puede estirar esa relación “ad infinitum” porque se centra en el desarrollo personal del individuo, para su trabajo actual o para los trabajos que pueda desempeñar en el futuro. A pesar de las diferencias, ambos, mentor y coach, comparten espacios, técnicas y procesos en común. Esto posibilita que en muchas ocasiones, un coach pueda actuar como mentor con sus coachees y de la misma forma el mentor puede actuar puntualmente como un coach.

Otro aspecto relevante es el punto de vista de las empresas o, dicho de otra forma, la claridad del objetivo que persiguen. Para ello, deberán tener en cuenta la diferencia entre funciones, coaching y mentoring, a la hora de implementarlas en su organización, pues en el éxito final influirá la elección de un tipo u otro de estrategia.

Un par de aspectos, entre otros, que merece la pena comentar como son: la metodología (herramientas y métodos a utilizar) y la medida de los resultados. En relación con la metodología, la forma de actuar a lo largo del proceso puede no albergar diferencias, dado que tanto el coach como el mentor pueden utilizar las mismas herramientas.

Estando seguro de las bondades de la metodología, creo que hay que aprenderla para después olvidarla y posteriormente utilizar lo que ha quedado como poso del aprendizaje en nuestra marmita, la esencia. Lo que también parece necesario, es su adaptación, quizás en el mentoring más que en el coaching, a la forma de ser cada uno de los mentees y corregir su rumbo en función de cómo avanza el proceso. No debemos pecar de fundamentalistas metodológicos porque le quitamos frescura al proceso.

Dicho esto, la metodología impone, hasta donde queramos, un cierto orden y disciplina al proceso, que hay que abandonar de vez en cuando en aras de la naturalización del mismo; más, cuanto más avanzado está éste. Por otra parte, nos permite establecer hitos u objetivos intermedios sin los cuales la medida de los resultados finales no sería posible.

En lo que compete a la medida de los resultados, somos conscientes de que lo que no se mide no existe y lo que es peor, no se puede corregir porque no se fijó el origen del que partíamos. En esta línea, existe una diferencia clara entre lo que mide el mentoring y el coaching. Debiendo ser medidos ambos, el segundo se me antoja más fácil puesto que ambiciona metas a corto plazo y objetivos concretos, cuestiones tangibles. Existe pragmatismo, ambición por los resultados a corto y definición clara de los mismos.

El mentoring es diferente en muchos aspectos. ¿Cómo puedes medir la emoción, la actitud, el cambio de comportamientos, la manera de afrontar los problemas, la ganancia en empatía, la gestión de conflictos, el crecimiento personal, en suma? No es fácil, no hay cálculos ni reglas, son casi siempre percepciones que evolucionan, basadas en el conocimiento del mentee a lo largo del proceso. 

Una de las razones por lo que es más largo. Es preciso fijar el inicio, su radiografía emocio-profesional de arranque y esto lleva tiempo. Sin ello no hay contraste y no habrá resultados visibles.

Estos resultados se perciben en el avance personal del mentee, en la modificación de matices en su comportamiento, en cómo te plantea las preguntas, en como vuelve a cada sesión después de haber afrontado un reto, etc. Aunque uno sea un mentor experto y atesore criterios de medida contrastados en el tiempo, es extremadamente difícil la medida del cambio de comportamiento en el corto plazo.

Para poder seguir con ilusión por ambas partes, la evolución detenidamente observada del mentee debe ser regurgitada por el mentor y asimilada por el mentee porque, a veces, éste último no es consciente de su propio progreso. Habría que observarlo en su entorno natural para establecer una medida cercana a la realidad de sus resultados.

Lo que queda como medida de la progresión positiva de un proceso de mentoring, es la confianza en que lo que transmite el mentee responda a los objetivos iniciales de una forma certera y, por ello, el proceso de trasvase de conocimientos haya sido útil para él. Remedando a Jalil Gibran, el mentee debe regresar para que seamos conscientes de que desde el principio fue nuestro, y ello puede ocurrir de mil maneras.

Como una obligación cuyo olvido podría ser nefasto para cualquier mentor, es la “puesta al día”. Desde el punto de vista emocional, nos encontraremos con mentees cuya forma de pensar y de actuar puede estar muy lejos de lo que fueron o son nuestros cánones de comportamiento. La edad, el entorno, el carácter de cada uno de ellos, su visión de la sociedad y de los valores, son factores que afectan a su forma de ser, y nos obligan a reflexionar a fondo sobre las novedades que ofrece la sociedad actual y que no conocimos en nuestro tiempo.

Por otra parte, si nos movemos en el mundo profesional, la velocidad de cambio, la evolución y por ello la durabilidad de los modelos es fugaz en muchos casos, y nuestros conocimientos técnicos pueden no estar adaptados a las necesidades del mentee. De ahí que una de las obligaciones del mentor es mantenerse en un permanente proceso de evolución que le supondrá, sin duda, un esfuerzo tanto mayor cuanto más lejos este del mundo del mentee.

Finalmente, recordamos que la base de un buen mentor reside en su capacidad para generar empatía, sus aptitudes para conseguir la confianza del mentee, su talento para controlar la soberbia del que cree que sabe y practicar la humildad en sus planteamientos y, finalmente aunque no la última, su inteligencia para ponerse al día y no ser sobrepasado por los acontecimientos.

Por gentileza de:





sábado, 1 de mayo de 2021

¿POR QUÉ SE EMPLEAN CONSULTORES?

 


LA CONSULTORÍA DE EMPRESAS

La Consultoría de Empresa en un servicio profesional que ayuda a los Directores de empresas a analizar y resolver problemas prácticos y a transferir soluciones eficaces de una empresa a otra.

La Consultoría se considera principalmente como un método para mejorar las prácticas de dirección y productividad en los sistemas económicos de la empresa privada, pública o mixta, y para fomentar los recursos humanos mediante el perfeccionamiento de las técnicas de gestión, rentabilizando así la empresa.

CARÁCTER Y OBJETO

Definición

El trabajo del consultor empieza al surgir alguna situación juzgada insatisfactoria y susceptibles de mejora y termina, idealmente, en una situación en que se ha producido un cambio que constituye una mejora.

La Consultoría es un servicio independiente. Se caracteriza por la imparcialidad del consultor, que es un rasgo fundamental de su papel, ya que esta independencia significa al mismo tiempo una relación muy compleja con las organizaciones clientes y con las personas que trabajan en ellas, y una imparcialidad en situaciones tales que ninguna persona en la empresa podría poseer. La Consultoría no proporciona soluciones milagrosas; sería un error suponer que, una vez contratado el consultor, las dificultades desaparecen.

La consultoría es un trabajo difícil basado en el análisis de hechos concretos y en la búsqueda de soluciones originales pero factibles.

Las cualidades del Consultor son:

  • Creatividad
  •  Observación
  • Análisis
  • Síntesis
  • Decisión

¿Por qué se emplean consultores?

  1.  Para que aporten conocimientos y capacidades espaciales.
  2. Para que presten ayuda intensiva en forma transitoria.
  3. Para que de un punto de vista imparcial.
  4. Para que den la Dirección argumentos que justifiques decisiones predeterminadas.
  5. Para la formación adecuada del cuadro de colaboradores y/o mandos intermedios.

Etapas básicas de la tarea del consultor

  • Investigación
  • Análisis de datos.
  • Propuesta de mejoras/soluciones.
  • Aplicación

AMPLITUD, ALCANCE Y CARACTERISTICAS

Tipos de problemas.

La gama de problemas cuya solución se encomienda al consultor es sumamente amplia.

Desde el punto de vista de la calidad o nivel de la situación, la dirección puede pedir al consultor que corrija una situación que se ha deteriorado (problema de corrección), que mejore la situación (problema de perfeccionamiento) o que cree una situación totalmente nueva (problema de creación).

En general, los consultores de empresa no están capacitados para tratar de problemas de orden tecnológico, como la aplicación de programas informáticos. Esta asistencia puede prestarla la misma unidad de consultoría (si es grande) o bien empresas especializadas en Software.

El rol del Consultor

El Consultor, como promotor de cambio, puede asumir dos funciones fundamentales: la de consultor de recursos y la de consultor de procesos.

El Consultor de recursos (Analista)

Este tipo de consultor facilita información y servicios, recomendando un programa de acción precia, recolecta de datos y acciones internas de la empresa.

El éxito de este método depende del diagnóstico concreto de las necesidades y de la pericia del consultor para facilitar la información adecuada o prestar el servicio que convenga en cada caso.

El Consultor de procesos (Consultor de Gestión)

En este caso, el consultor, como promotor y profesor de cambio, trata de ayudar a la organización a tomar conciencia de procesos orgánicos, de sus consecuencias probables y de las técnicas para lograr el cambio. A diferencia del consultor de recursos que se ocupa principalmente de transmitir conocimientos y de resolver problemas, el consultor de procesos da a conocer su enfoque, sus métodos y valores para que juntamente con la propia organización se implemente y ejecute la nueva metodología de trabajo e iniciar así el cambio.

En consecuencia, desde este momento los trabajos que se realizan son prácticos y no teóricos, ya que, desde el director, sus colaboradores y el consultor participan en la evolución y nuevo dimensionamiento de la empresa. En la consultoría de estilo moderno las dos funciones son complementarias.

LA RELACIÓN CONSULTOR-CLIENTE

Los consultores ayudan a resolver problemas a otras personas y organizaciones. Por consiguiente, hay dos aspectos principales en toda relación de consultoría:

  • El análisis y la solución de los problemas
  • La relación entre el consultor y el cliente.

Estos aspectos están interrelacionados y si la relación consultor-cliente no es debidamente entendida por ambas partes, por bueno que sea el criterio científico en que se basa la solución propuesta a determinado problema, no se llegará a resultados prácticos. En la historia de la consultoría se conocen miles de casos archivados que provocaron gran confusión en la empresa-cliente porque los papeles complementarios del consultor y del cliente no habían sido definidos o porque las relaciones entre ambos se deformaron en el curso de la consultoría,

Creación y mantenimiento de buenas relaciones

Al iniciar una tarea es necesario disipar la incertidumbre y las especulaciones que el objeto de la presencia del consultor suscita en la empresa.

La buena práctica directiva y las buenas relaciones laborales exigen que los trabajadores o sus representantes reciban información completa sobre asuntos de interés para los trabajadores relativos al funcionamiento y perspectivas de la empresa y a la situación presente y futura de sus empleados. Este punto es importante en muchas tareas de consultoría. Tanto el consultor como su cliente deben prestar particular atención a tales tareas, que por su carácter, pueden exigir no sólo información, sino la celebración de consultas e incluso, en algunos casos, negociaciones entre la dirección de la empresa y los representantes de los trabajadores (recomendación de la OIT y práctica en varios países de Europa).

Definición del problema

El consultor, antes de aceptar la tarea, debe estar seguro de que puede solucionar la definición del problema y poner en marcha dicha solución. A excepción de los casos más sencillos y claros, el consultor desea llegar a su propia conclusión acerca de la índole del problema y de las dificultades que entraña su posible solución por medio del estudio de la empresa.

La definición del consultor puede diferir de la del cliente por muchas razones. Con frecuencia los empresarios están demasiado inmersos en una situación particular o son ellos mismos quienes han creado el problema con su solución pasada, y puede no darse cuenta de su magnitud y de su alcance.

Pueden ver sólo síntomas y no el problema real, o bien resistirse a admitir la existencia de ciertos aspectos del problema y preferir que el consultor los descubra”.

Relaciones de trabajo durante la tarea

El comportamiento del consultor durante todo su cometido repercute acusadamente en las relaciones de trabajo y en la ayuda que logrará obtener del cliente y de su personal. No todas las personas que trabajan en la empresa apreciarán inmediatamente la presencia de alguien que viene del exterior a demostrarles que ellos (individual o colectivamente) podrían trabajar mejor o con más rendimiento. El consultor se gana su confianza y apoyo escuchando sus argumentos, siendo paciente y modesto, demostrando su competencia sin valerse de ardides para impresionar y trabajando con suma organización y disciplina.

Si las relaciones de trabajo son buenas y el cliente plenamente satisfecho por los progresos logrados por el consultor, puede presentarse otro peligro: la tentación de asociar tan estrechamente al consultor a la solución de los problemas de la dirección que el cliente le delegue de hecho parte de su función decisoria. En tal caso el consultor debe emplear la siguiente analogía. “La función del consultor es la de fisioterapeuta, no la de muleta”

Posibilidades de éxito

Aunque la mayoría de las tareas de consultoría pueden redundar en mejoras, también las hay que por diversas razones no pueden dar ningún resultado y que por consiguiente significan un gasto financiero inútil. Por ejemplo: el cliente desea introducir un cambio que debería haberse efectuado hace tiempo y que ahora no puede impedir el deterioro general de la situación; las mejoras son posibles, pero a expensas de medidas graves para el personal que el cliente no las puede aceptar; el beneficio conseguido seria tan escaso que no justificaría los honorarios del consultor.

Si el consultor profesional descubre una situación de esta índole al asumir una tarea, incluso si ya ha empezado a trabajar en ella, debe informar al cliente con franqueza y sugerirle la cancelación del contrato.

Enseñar a trabajar sin consultores

Ningún consultor profesional perpetúa sus tareas haciendo al cliente dependiente de su consejo. El único trabajo realmente digno del consultor es el trabajo educativo y formativo que enseña a los clientes y a su personal a llevar mejor sus asuntos por sí mismos. La transmisión de toda la información sobre los métodos empleados y la formación del personal de manera que sea capaz de repetir las mismas operaciones sin ayuda, son elementos fundamentales del método profesional del consultor.

Esto no significa que cuanto mejor haya enseñado el consultor a su cliente y a su personal, menos trabajo tenga en el futuro.

Confidencialidad

Los consultores de comprometen a no revelar ninguna información confidencial (en el contrato suscrito con el cliente existe un apartado tipificando el alcance) sobre sus clientes y a no hacer uso alguno de esta información para obtener beneficios o ventajas. Los clientes deben estar convencidos de que pueden confiar en sus consultores, de lo contrario la consultoría es imposible.

La confidencialidad es todavía una cuestión importante en España, donde las empresas no están seguras de que la información que facilita a consultores procedentes de centros de dirección de empresas o de productividad no sea transmitida a organismos oficiales (Delegación de Hacienda, de Trabajo, etc.)

Por lo tanto, una consultoría vinculada al Sector Público pierde autonomía y fiabilidad.

Con la Ley para la Represión del Fraude Fiscal, el secreto profesional ha levantado una extensa polémica. Esta tentativa que late en dicho proyecto no merece más comentario que el formulado por David Edward (asesor de la Comunidad Europe) con estas palabras: “El final del secreto profesional, es el principio de la tiranía.”

Pedro Rubio Domínguez/ Consultor

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