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miércoles, 15 de marzo de 2023

3 COSAS QUE UN LÍDER DEBE HACER PARA ELEVAR LA MOTIVACIÓN LABORAL

 


Liderar un equipo de trabajo desmotivado supone todo un desafío en una era donde la hiperconectividad y el cortoplacismo se han convertido en dos parámetros definitorios de lo que el desarrollo tecnológico ha traído consigo. En este sentido, los expertos apuntan hacia la importancia de conectar a los profesionales con la misión de su trabajo y darles a conocer el impacto que generan para el negocio, haciendo visible así su contribución al mismo.

La desmotivación lleva a los empleados a presentar resultados poco eficaces e incluso improductivos. Se trata de una actitud que algunos líderes atribuyen a una predisposición personal o a una composición mental propia que deben resolver los propios profesionales. Sin embargo, este pensamiento es contraproducente e ignora las razones subyacentes por las cuales las personas pierden la pasión por lo que hacen.

Al respecto, un artículo publicado en Harvard Business Review ahonda en el problema, destacando la importancia de entender que, “como humanos, queremos sentirnos motivados y encontrar sentido en las cosas que hacemos”. Algo que, según aseguran, forma parte de la biología humana:

“Hay una parte del cerebro, llamado sistema de búsqueda, que crea los impulsos naturales para aprender nuevas habilidades y asumir tareas desafiantes pero significativas. Cuando seguimos estos impulsos, recibimos una descarga de dopamina, un neurotransmisor relacionado con la motivación y el placer, que nos hace desear participar en estas actividades aún más. Y, cuando nuestros sistemas de búsqueda se activan, nos sentimos más motivados, decididos y enérgico”.

Por otro lado, el artículo presenta tres acciones que los líderes pueden llevar a cabo para incentivar dicha predisposición a explorar, experimentar y aprender. En este sentido, Harvard Business Review recomienda animar al equipo a aprovechar sus fortalezas. “Cuando se les pide a las personas que piensen sobre sus mejores características, se activan sus sistemas de búsqueda”, explican.

Con el fin de ayudar en este proceso, los responsables de la dirección de los equipos de trabajo pueden pedir a los empleados que escriban y compartan historias sobre sus mejores momentos en la empresa, identificando qué es lo que les hacía sentirse cómodos con el trabajo y sus compañeros y cuáles eran entonces sus fortalezas únicas.

En segundo lugar, también es efectivo generar oportunidades para que los trabajadores puedan experimentar y crear vínculos sociales de apoyo. En este sentido, la gamificación puede ser una herramienta útil pues según Harvard Business Review “no solo estimula el sistema de búsqueda, sino que también empuja la ansiedad y el miedo a su lugar”.

“Las emociones positivas son importantes por derecho propio. Las zonas seguras experimentales crean motivaciones intrínsecas, que son mucho más poderosas que las motivaciones extrínsecas porque liberan la creatividad”, indican en el artículo. “Las empresas son más ágiles cuando animan a los empleados a pensar en nuevos enfoques y probarlos y luego reciben comentarios sobre cómo el entorno respondió a sus ideas”, añaden.

Finalmente, se aconseja a los líderes “personalizar el propósito del trabajo”. La sensación de propósito se activa cuando es posible ver la causa y efecto que tiene la función que se desarrolla en la organización y el progreso del equipo.

“Por ejemplo, el sentido del propósito se dispara cuando podemos ofrecer ideas a nuestro equipo sobre el medio ambiente y lo que podría funcionar mejor. Del mismo modo, sentimos un sentido de propósito cuando podemos experimentar de primera mano cómo nuestras contribuciones ayudan a otras personas y permiten que el equipo progrese”, explica el artículo.

Asimismo, se detalla que el propósito funciona mejor cuando los empleados interactúan directamente con las personas a las que afectan su trabajo. ■

 

Fuente: Equipos y Talento

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viernes, 3 de diciembre de 2021

No te quejes de tus colegas a sus espaldas

 


Deborah Grayson Riegel en hbr.org  manifiesta que cuando pregunta a sus clientes si se dedican a cotillear en su trabajo la mayoría responden, con cara de sentirse insultados, que por supuesto no lo hacen. Pero si les plantea si han pedido a un compañero que les confirme su opinión negativa de un colega que no esté presente la mayor parte admite que es un hecho cotidiano en su vida laboral.

Aunque muchos líderes y equipos consideran que este comportamiento es inocente y sirve para liberar tensiones la autora considera que es una forma de chismes y cotilleos en el entorno laboral.

Nancy Kurland y Lisa Hope Pelled en su trabajo de investigación: “Passing the Word: toward a model of gossip and power in the workplace” definen el chisme como : “la charla informal y evaluadora que tiene lugar en una organización, normalmente entre algunos individuos en la que se habla sobre otra persona que no está presente".

Tiene numerosos efectos negativos entre los que destacan la erosión de la confianza, la disminución de la moral, las reputaciones dañadas, la pérdida de la credibilidad personal y profesional, el incremento de la ansiedad, la división y la atrición. A pesar de estos costes elevados la tentación de caer en esta práctica es muy alta. La psicóloga Peggy Drexle  mantiene que: “los antropólogos defienden la idea de que a lo largo de toda la historia de la humanidad los cotilleos son una forma de unir a las personas, así como de aislar a aquellos que se piensa que no apoyan al grupo”.

Algunos profesionales lo utilizan como un medio para dar feedback o mantener conversaciones difíciles con sus compañeros, pero al hacerlo se están dañando los beneficios de una relación abierta y honesta y de conseguir crear una cultura de feedback.

Utilizamos, finalmente, también los cotilleos para recolectar evidencia que confirme aquello que creemos es verdad. Al comentar con otro compañero si tiene las mismas experiencias y opiniones que tenemos de otra persona podemos comprobar que nuestras creencias sobre el otro son correctas y como expone Judith Glaser en su artículo “Your brain is hooked on being right” el flujo de adrenalina y dopamina que acompaña esta sensación de estar en lo cierto se puede convertir en adictivo.

La autora propone una serie de estrategias para evitar caer en algo que está mal pero que nos hace sentir tan bien:

1.- Reconocer que estamos murmurando e intentar reconducir la conversación hacia aspectos más positivos que sirvan para solucionar problemas.
2.- Preguntarnos a nosotros mismos o a otros si necesitamos la confirmación de otro sobre un comportamiento que estamos observando en una tercera persona. Si la respuesta es que lo hacemos para justificar nuestros sentimientos, para confirmar que tenemos razón o para obtener apoyos para nuestro punto de vista no debemos meter a nadie en la conversación. Si el objetivo es entender cómo podemos estar nosotros contribuyendo a la dinámica del problema, para encontrar soluciones útiles o para poder seguir investigando para poder hacer una queja formal entonces es adecuado hacerlo.
3.- Hacer que los demás conozcan que tenemos la política de que si los demás tienen un problema con nosotros deseamos ser los primeros en saberlo. Adoptar la postura de decírselo al otro primero y si alguien se acerca a nosotros con comentarios sobre otro preguntarle si ya lo ha hablado primero con el afectado.
4.- Crear un entorno rico en feedback a nuestro alrededor. Cuanto más normalicemos el feedback, tanto el positivo como el negativo, tanto el ofrecerlo como el recibirlo, menos buscarán los demás formas alternativas de expresar sus frustraciones y preocupaciones. En lugar de reservarlo para las evaluaciones de desempeño anuales introducir discusiones frecuentes sobre lo que se hace bien y mal y sobre lo que se puede hacer de otra manera n las reuniones de supervisión o de revisión y seguimiento de proyectos.

Los cotilleos son una estrategia de comunicación destructiva que impacta de forma negativa en los individuos, equipos y en el conjunto de la organización.

Isabel Carrasco
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miércoles, 10 de noviembre de 2021

La Entrevista Motivacional

 


Adam Grant en su último libro: “Think again. The power of knowing what you don´t know”, que estamos comentando, plantea que si escuchamos correctamente conseguiremos motivar a las personas a cambiar.

A principios de la década de los ochenta del siglo pasado Bill Miller, psicólogo clínico, estaba preocupado por la actitud que adoptaban sus compañeros hacia las personas con adicciones. Era común que los terapeutas acusasen a sus clientes adictos de ser unos mentirosos patológicos que vivían en un estado de negación. Miller observaba cómo si al tratar a sus pacientes con problemas de alcoholismo adoptaba el papel de predicador o fiscal conseguía provocar resistencias y menor disposición a cambiar. Por lo tanto, en lugar de menospreciar o atacar a sus clientes comenzó a hacerles preguntas y a escuchar sus respuestas y publicó un artículo en el que comentaba sus experiencias. Éste llegó a las manos de Stephen Rolnick, un joven enfermero que se estaba formando en el tratamiento de adicciones. Pocos años después ambos coincidieron y se dieron cuenta que lo que estaban haciendo iba más allá de la búsqueda de un nuevo enfoque terapéutico, ya que era una forma enteramente diferente de ayudar a las personas a cambiar.

Juntos desarrollaron los principios centrales de una práctica que llamaron entrevista motivacional, cuya premisa central es que rara vez vamos a poder motivar a alguien para que cambie. Lo que tenemos que hacer es ayudarles a encontrar su motivación para cambiar.

La entrevista motivacional comienza por una actitud de humildad y curiosidad. No sabemos lo que puede motivar a una persona a cambiar pero si podemos estar sinceramente interesados en encontrar el motivo. El objetivo consiste no en decirle lo que tienen que hacer sino en ayudarle a romper el ciclo de sobreconfianza para considerar nuevas posibilidades. Nuestro papel es sostener el espejo para que pueda verse con más claridad y luego facilitar que examine sus creencias y comportamientos. De esta forma se puede activar un círculo de repensar por el que la persona enfoca sus propias ideas de forma más científica y desarrolla una mayor humildad en relación a sus conocimientos, cuestiona sus convicciones y muestra curiosidad por puntos de vista alternativos.

El proceso de la entrevista motivacional implica la utilización de tres técnicas clave:

a).- Hacer preguntas abiertas.
b).- Escuchar activamente.
c).- Ratificar el deseo y habilidad de la persona para cambiar.

Actualmente se utiliza en todo el mundo por profesionales de la salud para ayudar a las personas a abandonar el tabaco, el alcohol, las drogas, el juego, el sexo inseguro y para mejorar los hábitos alimenticios y de ejercicio. También, por ejemplo, lo emplean coaches para ayudar a futbolistas a afianzar su coraje y los consultores para preparar a equipos para cambios organizacionales.

Cuando las personas ignoran los consejos no siempre suele deberse a que no estén de acuerdo con ellos, sino a que, en ocasiones, se están resistiendo al sentimiento de presión y de que alguien quiere controlar sus decisiones. Para proteger su libertad en lugar de dar instrucciones u ofrecer recomendaciones, a través de la entrevista motivacional se puede decir algo como: “Estas son algunas cosas que me han ayudado, ¿crees que alguna de ellas funcionaría en tu caso?”

En las entrevistas motivacionales existe una distinción entre la charla de mantenimiento y la del cambio. La primera suelen ser comentarios para sostener el estatus, mientras la segunda refiere un deseo, capacidad, necesidad o compromiso para realizar ajustes. Al plantearse un cambio muchas personas se muestran ambivalentes, ya que siempre existen razones para el mismo y otras para seguir igual. Miller y Rollnick sugieren pedir y escuchar un charla de cambio y luego realizar algunas preguntas sobre por qué y cómo se puede producir ese cambio.

Por ejemplo, si una persona menciona su deseo de dejar de fumar podemos responder preguntando por qué está considerando la idea. Si contesta que es una recomendación médica, sería interesante que nos dijera qué piensa de la idea para conocer cuáles son sus motivaciones. Si ofrece una razón por la que está determinada a abandonar el hábito podremos preguntar cuál va a ser el primer paso que va a seguir.

Existe otra técnica de entrevista motivacional que se recomienda con frecuencia para finalizar la conversación y para puntos de transición. Consiste en explicar cuáles entendemos que son las razones que tiene la persona para cambiar, comprobar que no hemos perdido o malinterpretado algo e indagar sobre sus planes y posibles nuevos pasos.

El objetivo no es ser un líder o seguidor, sino un guía. Un buen guía no acaba su labor cuando ayuda a los demás a cambiar sus creencias o comportamientos sino cuando consigue que alcancen sus metas.

Parte del atractivo de la entrevista motivacional radica en que genera una mayor apertura en ambas direcciones. La escucha puede ayudar a que otros reconsideren su opinión de nosotros pero además nos da información que nos puede llevar a cuestionarnos nuestra opinión de ellos y a repensar también nosotros.

Miller y Rollnick advierten que la entrevista motivacional no se puede emplear con fines manipuladores. Los psicólogos han encontrado que cuando las personas detectan un intento de influencia se ponen en marcha mecanismos de defensa sofisticados. En el momento en el que los individuos sienten que estamos procurando persuadirles interpretan nuestro comportamiento de otra forma y, por ejemplo, una pregunta directa se puede ver como una táctica política, un afirmación reflexiva se considera como una maniobra fiscalizadora y una afirmación de su habilidad para cambiar suena como proselitismo de un predicador.

Otro aspecto importante es el de la escucha. Hacerlo bien va más allá de hablar menos. Consiste en una serie de habilidades a la hora de preguntar y responder. Comienza por mostrar más atención por los intereses de las personas en lugar de tratar de juzgar su estatus o demostrar el nuestro, a través, por ejemplo de plantear preguntas verdaderamente que muestren nuestra curiosidad y que no tengan una agenda oculta de procurar arreglar, salvar, aconsejar, convencer o corregir al otro.

Cuando estamos intentando conseguir que los demás cambien, ésta puede ser una tarea complicada. Aunque tengamos las mejores intenciones podemos fácilmente caer en el modo del predicador anclado en su púlpito, del fiscal planteando un argumento cerrado o del político ofreciendo un discurso de “campaña”. Todos somos vulnerables al deseo de arreglar problemas y de facilitar respuestas. Un entrevistador “motivacional” experto resiste esta tentación, ya que aunque las personas podemos desear que un médico les fije los huesos rotos cuando se trata de problemas en nuestras cabezas, con frecuencia preferimos recibir simpatía más que soluciones.

En una serie de experimentos se ha encontrado que la interacción con un oyente empático, no crítico y atento hace que las personas se muestren menos ansiosas y estén menos a la defensiva. También, sienten menos presión para evitar contradicciones en su pensamiento, lo que facilita que exploren sus opiniones con más profundidad, reconozcan más matices en las mismas y las compartan de forma más abierta. Estos beneficios de la escucha no se limitan a interacciones uno a uno, sino que también pueden surgir en grupos. En experimentos en organizaciones gubernamentales, compañías tecnológicas y colegios las actitudes de las personas se volvían más complejas y menos extremas después de haber participado en un círculo de escucha en el que cada persona secuencialmente tiene la oportunidad de hablar mientras el resto escuchan atentamente. Los psicólogos recomiendan practicar esta habilidad especialmente con personas a las que en ocasiones tenemos dificultades para entender. La idea es transmitirles que estamos trabajando para procurar ser mejores oyentes y que queremos oír sus pensamientos y que escucharemos durante unos pocos minutos antes de responder.

Muchos comunicadores intentan parecer inteligentes, mientras los buenos oyentes están más interesados en conseguir que sus audiencias se sientan inteligentes, para lo cual ayudan a las personas para que enfoquen sus propios puntos de vista con humildad, duda y curiosidad. Cuando éstas tienen la oportunidad de expresarse en voz alta con frecuencia pueden llegar a descubrir nuevos pensamientos.

El carisma inverso es una cualidad de un gran oyente y consiste en que el orador tiene la sensación de que está siendo escuchado con tal intensidad que tiene que mostrarse de la forma mejor y más honesta.

El poder de escuchar no solo se centra en dar a las personas un espacio para reflexionar sobre sus propios puntos de vista sino que es una muestra de respeto y una expresión de que nos importan y nos preocupamos por ellas.

Escuchar es una forma de ofrecer a los demás uno de nuestros recursos más escasos y preciados: nuestra atención. Una vez que hayamos demostrado que nos preocupamos por ellos y por sus metas, estarán más dispuestos, a su vez, a escucharnos.

Cuando conseguimos cambiar la forma de pensar de alguien para que cambie, no solo nos tenemos que preguntar si estamos orgullosos de lo que hemos conseguido, sino, también, si estamos orgullosos de cómo lo hemos logrado.

Isabel Carrasco
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lunes, 23 de agosto de 2021

5 consejos para motivar a tus empleados

 


En una organización es fundamental crear un clima laboral agradable entre compañeros. Ahora, con la incertidumbre generada por la pandemia y que reina en nuestros pensamientos, es aún más necesario motivar y apoyar a los trabajadores y trabajadoras de las empresas. Por ello, Mi empresa es saludable nos trae 5 consejos para motivar a los empleados.

Esta motivación tendrá consecuencias muy positivas para la organización. Por ejemplo, al rendir más los empleados, habrá un mayor rendimiento laboral, los integrantes de la empresa tendrán un mayor sensación de pertenencia con su organización e incluso existirán más y mejores ideas que atraigan nuevo talento. Al final, empleados motivados crean mejores empresas.

¿Cómo consigo empleados motivados?

Para conseguir tener empleados motivados e ilusionados con su puesto de trabajo es fundamental, lo primero, conocer el grado de satisfacción de los empleados con su puesto laboral. A partir de ahí existen múltiples herramientas y acciones que se pueden poner en marcha, como por ejemplo:
  • Recompensar por el buen trabajo: Incentivar y reconocer el buen trabajo es vital para conseguir unos trabajadores felices con su empresa. En estos casos, se puede, por ejemplo, ofrecer complementos salariales, escribir correos de reconocimiento u obsequiar al trabajador con algún producto.
  • Conciliación de la vida familiar y laboral: Cada día más las personas que trabajan en una empresa valoran mucho el poder compatibilizar su vida personal con la laboral. Que las empresas ofrezcan flexibilidad horaria, poder trabajar desde casa o respetar los horarios laborables motiva a los trabajadores y les hace sentirse más apoyados por su organización.
  • Crear un ambiente agradable y sincero: Un clima laboral donde el trabajo se sienta cómodo, reconocido y feliz ayuda a conseguir empleados motivados.
  • Escuchar y empatizar: En muchas ocasiones, el propio empleado demanda una escucha activa por parte de la dirección. Lo mejor es prestar atención a las necesidades de los integrantes de la empresa y ponerse en el lugar del otro. Tratar al equipo como nos gustaría que nos tratasen a nosotros es necesario en el día a día de la empresa.
  • Comunicar a los empleados: La comunicación entre los empleados debe ser lo más sincera y directa posible. Apostar por los distintos canales de comunicación y hacer a los trabajadores participes de las decisiones de la empresa permiten un mayor grado de satisfacción entre los empleados.

Fuente: Equipos y Talento
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