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sábado, 30 de noviembre de 2024

Bruselas lanzará en sus primeros cien días un plan para la competitividad


Las tensiones políticas de las últimas semanas en la Eurocámara se han zanjado, finalmente, con el respaldo de los eurodiputados al nuevo Colegio de Comisarios diseñado por la jefa del Ejecutivo comunitario, Ursula von der Leyen. La urgencia por comenzar los trabajos en un mundo cada vez más polarizado y con mayor inestabilidad geopolítica se traslada a la agenda para los próximos cinco años. La idea es incrementar la penetración de las tecnologías limpias en la UE como parte de los esfuerzos para impulsar la competitividad industrial del bloque, para no perderle la pista a potencias como Estados Unidos y China.

"Europa se enfrenta ahora a una elección clara. Una elección que marcará nuestro trabajo durante cinco años y definirá nuestro lugar en el mundo durante los próximos cincuenta. La elección se reduce a si nos dejamos llevar por los acontecimientos y el mundo que nos rodea o si nos unimos y construimos nuestro futuro por nosotros mismos", decía la jefa del Ejecutivo comunitario ante la Eurocámara que debía respaldarla en el cargo en julio.

Toda la estrategia de la legislatura tiene mucho que ver con la competitividad industrial. Son, precisamente, los altos precios de la energía uno de los factores que lastra la competitividad del bloque en la carrera contra Estados Unidos y China. Aunque que la UE vaya rezagada en este aspecto no es que sea nuevo, tal situación se remonta a la década de los 80. Ahora, sin embargo, se trata de una competición en la que las energías verdes tendrán mucho que decir, después de que tanto Washington como Pekín hayan dotado a sus industrias de respectivos subsidios. A ello se suma la vuelta del republicano Donald Trump a la Casa Blanca, que dejó patente, en campaña, su promesa de impulsar la extracción de petróleo y gas natural, algo de lo que Europa carece y con lo que no puede competir.

Es por ello que Von der Leyen se comprometía esta misma semana ante la Eurocámara a avanzar en la competitividad europea. "Puedo anunciar que la primera gran iniciativa de la nueva Comisión será una Brújula de la Competitividad. Esta brújula marcará nuestro trabajo durante el resto de la legislatura. La Brújula se basará en los tres pilares del informe Draghi. El primero es cerrar la brecha de innovación con EEUU y China. El segundo es un plan conjunto de descarbonización y competitividad. Y el tercero es aumentar la seguridad y reducir las dependencias".

La alemana arrancará la legislatura poniendo en práctica las recomendaciones de los exprimeros ministros italianos, Mario Draghi y Enrico Letta, que para aupar la competitividad de la UE recomendaban reforzar el ecosistema de empresas tecnológicas, innovadoras y de startups. Para ello, no menos importante es avanzar en la unión de mercado de capitales con la que se busca disipar la fragmentación a la que se enfrentan las empresas, tanto a nivel regulatorio como burocrático, así como las dificultades para levantar financiación en 27 mercados distintos, frente a uno que presenta el estadounidense.

"Nuestra libertad y soberanía depende más que nunca en nuestra fortaleza económica. Nuestra seguridad depende en nuestra capacidad de competir, innovar y producir y nuestro modelo social depende de una economía que crezca y afronte el cambio demográfico", afirmaba la alemana esta semana.

Ya en julio delineaba un plan con las ambiciones a completar durante los cien primeros días de mandato, es decir, a partir del domingo de esta semana. Tras la crisis energética derivada de la guerra de Ucrania, la UE tuvo que ponerse las pilas para avanzar en la transición a las tecnologías verdes. Como seguimiento de este plan, Von Der Leyen presentará su Pacto por la Industria Limpia. Se trata de la continuación el Pacto Verde Europeo de la anterior legislatura, que implica llevar a la práctica los objetivos de descarbonización de la economía para mitad de siglo.

La idea, según explicó en julio, es canalizar las inversiones necesarias para la infraestructura y la industria verde, acelerar los permisos para los proyectos de renovables y reducir la factura de la energía para los consumidores. Se trata de caminar hacia ese objetivo del Pacto Verde europeo, de lograr una economía descarbonizada en 2050 y hacerlo tomando las riendas de la energía consumida en el bloque comunitario, tras aprender la lección del chantaje ejercido por Rusia a raíz de la invasión de Ucrania.

Porque la incertidumbre geopolítica está ahí. La invasión militar rusa de Ucrania tiene a la UE en vilo y con un sistema de apoyo desplegado hacia Kiev que no impide poner en guardia sus propias fronteras. El despliegue de tropas en las fronteras ucranianas por parte de Corea del Norte no es que simplifique, precisamente, la situación. Y Pekín, lejos de posicionarse en el conflicto, actúa como habilitador de material militar para el Kremlin. A esto se suma la inestabilidad en Oriente Medio, lo que configura un panorama internacional delicado.

En este contexto, la UE dará alas a su propia industria de defensa en este mandato. "Europa no puede determinar las elecciones en todo el mundo, pero puede optar por invertir en la seguridad y la defensa de su propio continente", indicó la alemana en julio. En este punto considera necesario incrementar el gasto en esta partida, así como crear un mercado único para el sector de defensa o crear proyectos a nivel comunitario que se orienten a la seguridad.

La vuelta de Trump pone en riesgo la relación con Washington

La vuelta de Trump a Washington se presenta como un seísmo para la UE. Su principal socio comercial tendrá como presidente a un político que ha anunciado en campaña aranceles de hasta el 20% a los productos europeos. Las tensiones comerciales vividas en la anterior legislatura del republicano amenazan con replicarse y podrían ir más allá. Por ese motivo, la UE debe plantearse la necesidad de romper dependencias con Washington, principalmente en seguridad y defensa, pero también en el plano energético. Además, Bruselas deberá atender a las repercusiones que el cambio en Washington pueda generar en las dinámicas globales.

La promesa del republicano es la de imponer aranceles de hasta el 60% también a las importaciones de China. El trasfondo es sencillo, en realidad, tratará de ralentizar la economía del gigante asiático. Pero las implicaciones de tal movimiento van más allá: Bruselas deberá gestionar que las exportaciones chinas que no vayan a EEUU se redirijan a la UE y, además, el golpe que esto supondrá para la economía comunitaria.

Por gentileza de:

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martes, 20 de diciembre de 2022

ACTIVIDAD DE LAS MULTINACIONALES EN ESPAÑA



1. ACTIVIDAD DE LAS MULTINACIONALES EN ESPAÑA
 
Las operaciones de las empresas multinacionales en España, a través de sus filiales en nuestro país, generaron un valor añadido cercano a los 124.000 millones de euros en 2019, el equivalente al 10% del PIB español. No obstante, la contribución de estas empresas no termina ahí, en tanto que, para el desarrollo de su actividad en España, necesitan del suministro de bienes y servicios por parte de otras empresas a lo largo de su cadena de valor. Estas empresas se verían beneficiadas tanto de las compras realizadas por las filiales para su producción, como aquellas derivadas de los flujos de inversión extranjera directa llevados a cabo por las matrices sobre las filiales.

En efecto, se estima que, de manera indirecta, las empresas multinacionales serían responsables de la generación de alrededor de 165.000 millones de euros de valor añadido (creados por empresas terceras gracias a los pedidos de las filiales de multinacionales). En este sentido, el impacto económico total de las empresas multinacionales, sumando sus efectos directos e indirectos, ascendería a 289.000 millones de euros, el equivalente al 23% del PIB nacional. Para sostener dicha actividad económica, las empresas multinacionales emplearon en sus filiales españolas a cerca de 1,8 millones de personas en 2019, lo que supone el 9,7% del total de ocupados de España. A su vez, otros 2,6 millones de trabajadores estuvieron empleados en España para garantizar el correcto desarrollo de las cadenas de valor de las multinacionales. Por tanto, las filiales españolas de las empresas multinacionales contribuyeron, de manera directa e indirecta, al mantenimiento de más de 4,4 millones de puestos de trabajo en España, el equivalente al 24% del total de ocupados de 2019.

A nivel sectorial, los mayores impactos se dan en las actividades de comercio y servicios profesionales, coincidiendo con los sectores que cuentan con más filiales de empresas multinacionales. No obstante, a pesar de contar con menos de 300 filiales en España, el sector energético es el tercero que más se beneficia de la presencia de estas empresas en nuestro país. La notable contribución de este sector vendría explicada por su posición estratégica en la cadena de valor, al proveer de insumos indispensables para la producción de muchos sectores, en especial en la manufactura, por lo que su fuerte impacto sería el resultado de un efecto indirecto por parte de las filiales. En definitiva, la integración de las empresas multinacionales en cadenas de valor complejas dentro de la economía española supone un pilar fundamental sobre el que se asienta el desarrollo del tejido productivo nacional. Con los últimos datos disponibles (correspondientes a 2019), las filiales de las empresas multinacionales serían responsables, tanto de manera directa como indirecta, de una cuarta parte del PIB y del empleo generado en España.

2. VÍNCULOS ECONÓMICOS ENTRE PYMES Y MULTINACIONALES

Una vez conocida la contribución económica de las empresas multinacionales en España, tanto de manera directa como indirecta, este apartado identifica qué parte de ese impacto se produce como consecuencia de los vínculos entre sus filiales y las pymes españolas. En otras palabras, se dilucidan los efectos positivos generados sobre pymes y multinacionales fruto de su integración en las mismas cadenas de valor. Este capítulo tiene un doble objetivo. En primer lugar, cuantifica en qué medida las pymes españolas se benefician de sus ventas a las empresas multinacionales, y, en un segundo término, estima el beneficio que las compras de las pymes a las multinacionales reportan a estas últimas.

2.1 Las pymes como proveedoras de las multinacionales

Las filiales de las empresas multinacionales necesitan adquirir bienes y servicios a otras empresas para utilizarlos como insumos en sus procesos productivos. El impacto económico de esas actividades (efecto indirecto) se ha cuantificado en alrededor de 135.000 millones de euros de valor añadido en 2019. Para conocer qué proporción de esos pedidos recaen sobre las pymes españolas, se ha realizado una doble estimación:

• Análisis de la estructura sectorial de las compras de las filiales de multinacionales en España, a través de la Estadística de Filiales de Empresas Extranjeras en España, que ofrece datos sobre la distribución sectorial de las filiales y las Tablas Input-Output, que ofrece información sobre las compras de insumos que cada sector realiza a otros sectores.

• Análisis del tamaño del tejido empresarial de cada sector de actividad, a través de la Estadística Estructural de Empresas, publicada por el INE, de forma que se pueda identificar la cuota de las pymes en la actividad total de cada sector

Los resultados, a través de la metodología Input-Ouput, apuntan a que alrededor del 55% de las compras realizadas por las multinacionales en España recaen sobre pymes. En otras palabras, las pymes españolas generan anualmente un valor añadido cercano a los 74.000 millones de euros, gracias a las ventas que realizan a las multinacionales para que estas puedan desarrollar de manera óptima sus respectivas operaciones en España a través de sus filiales. Asimismo, para proveer a las empresas multinacionales con 135.000 millones de euros de valor de los pedidos, las empresas españolas deben emplear a cerca de 2,2 millones de trabajadores. De ellos, alrededor de dos tercios, el equivalente a 1,4 millones, están empleados en pymes.

Estos datos ponen de manifiesto que el vínculo entre las multinacionales y las pymes es superior en términos de empleo que de valor añadido. Por el contrario, las grandes empresas consiguen satisfacer el 45% de los pedidos de las multinacionales utilizando solo el 36% de los empleos necesarios. Esta situación podría ser el resultado de una relativa especialización por parte de las pymes en actividades más intensivas en mano de obra.

En efecto, alrededor del 19,7% del valor añadido generado por las pymes fruto de sus ventas a las empresas del sector comercio, seguidas de aquellas que ofrecen servicios profesionales (17,8%). Esto subraya que, en gran medida, los pedidos realizados por las filiales de empresas multinacionales recaen sobre las pymes de sus mismos sectores de actividad. Este mismo patrón se observa en términos de empleo, dado que alrededor de la mitad de los puestos de trabajo creados por las pymes para satisfacer la demanda de las multinacionales se concentran en los sectores de comercio y servicios profesionales.

En definitiva, estas estimaciones evidencian la relevancia de las ventas de las pymes a las empresas multinacionales en España. Así, uno de cada cuatro euros generados por las pymes españolas es directamente atribuible a los bienes y servicios que suministran a filiales españolas de empresas multinacionales.

2.2 Las pymes como clientes de las multinacionales

Una vez analizado en qué medida las multinacionales participan en el buen desarrollo de las pymes españolas, este apartado tratará de cuantificar la relación inversa, esto es, en qué medida las pymes contribuyen a la actividad de las multinacionales en España. En el primer capítulo del informe se ha enunciado que las ventas realizadas por las filiales de empresas multinacionales generaron un valor añadido cercano a los 124.000 millones de euros en 2019. Para conocer qué parte de esas ventas tienen como destino las pymes españolas, se ha seguido la siguiente estrategia metodológica:

1. Identificar la estructura sectorial de las ventas realizadas por las multinacionales en España, a través de la Estadística de Filiales de Empresas Extranjeras en España publicada por el INE.

2. Estimar el peso de la demanda intermedia sobre la demanda total en cada sector, es decir, la cuota que tienen las ventas a otras empresas sobre la demanda final, usando la metodología Input-Output.

3. Analizar el tamaño del tejido empresarial de cada sector de actividad, de forma que podemos conocer la cuota de las pymes en la actividad total de cada sector, a través de la Estadística Estructural de Empresas (INE).

Los resultados de este ejercicio subrayan que las pymes compran anualmente bienes y servicios a las multinacionales por un importe de 22.000 millones de euros, en términos de valor añadido. En otras palabras, alrededor del 18% del valor añadido generado por las filiales de multinacionales en España sería atribuible a las compras de las pymes. En esta misma línea, se estima que, para responder a la demanda de las pymes, las multinacionales debieron de emplear en 2019 a medio millón de trabajadores, el equivalente al 28% de su plantilla total en España.

De nuevo, estas cifras apuntan a que las compras de las pymes a las multinacionales son más exigentes en términos de empleo que de valor añadido, lo que podría indicar que las multinacionales que más venden a pymes están encuadradas en actividades más intensivas en mano de obra. Los resultados empíricos refuerzan esta hipótesis, en tanto y cuanto dos de cada tres empleos generados por las multinacionales para atender la demanda de las pymes se encuadran en filiales del sector comercio, actividades responsables de alrededor del 59% del valor añadido generado por la demanda de las pymes.

2.3 Impacto de la inversión extranjera sobre las pymes

El tercer canal por el que las multinacionales y las pymes interactúan en el mercado está vinculado con la inversión extranjera directa. Las empresas matrices pueden decidir incrementar su implantación en España mediante diferentes inversiones, cuyas beneficiarias serán sus filiales en nuestro país.

En promedio entre 2017 y 2019, las empresas multinacionales invirtieron alrededor de 36.000 millones de euros al año en España. Estas inversiones se traducen en compras que las empresas filiales receptoras realizan a otras empresas. Por ejemplo, la inversión en una nueva oficina requiere de la compra o del alquiler del edificio, su reforma, así como la adquisición de equipos (muebles, ordenadores, etc.) y suministros (luz, gas, etc.). Estas transacciones generan valor añadido sobre terceras empresas, quienes son las últimas beneficiarias de las inversiones.

De estos 36.000 millones de euros de inversión extranjera anual, alrededor de 16.000 millones de euros corresponderían a valor añadido generado por pymes españolas para responder a las necesidades de las filiales. En otras palabras, por cada euro invertido por las empresas multinacionales en España, las pymes españolas generan 0,45 euros de valor añadido para satisfacer los pedidos de las filiales.

El impacto de la inversión extranjera directa sobre las pymes está muy distribuido sectorialmente, si bien las actividades que más se benefician de manera indirecta de los flujos de IED coinciden con aquellas con mayor presencia de empresas multinacionales. Así, las pymes encuadradas en el sector de comercio y de servicios profesionales acaparan conjuntamente el 28% del valor añadido y el 42% del empleo generado para responder a los pedidos de las multinacionales. Destaca a su vez la relevancia de los servicios inmobiliarios y de construcción ofrecidos por pymes que, de manera conjunta, representan el 34% del total del valor añadido y el 13% del empleo.

3. DINAMISMO EMPRESARIAL

Hasta ahora, el informe ha abordado el vínculo entre pymes y empresas multinacionales desde una perspectiva estática, es decir, cuantificando el valor añadido y el empleo generados por los intercambios entre estos dos colectivos de empresas en un momento dado (2019). No obstante, también resulta de interés complementar estos resultados a través de un enfoque dinámico analizando cómo la interacción en el mercado entre pymes y multinacionales contribuye a su desarrollo mutuo.

3.1 Desarrollo de las pymes y actividad de las multinacionales

En este punto se analizarán los efectos que las ventas de las pymes a las multinacionales generan sobre el desarrollo de las primeras. Desde un punto de vista intuitivo, resulta razonable pensar que cuanto mayor sean las ventas de las pymes a las multinacionales, mayores ingresos obtendrán estas empresas, lo que contribuirá a su desarrollo empresarial. A su vez, partiendo de la base de que las empresas multinacionales suelen ser más grandes, es probable que sus compras a las pymes sean de naturaleza recurrente, lo que también repercutirá sobre la estabilidad de los ingresos de las pymes.

La evidencia empírica parece confirmar estas hipótesis teóricas. En efecto, se observa que en aquellos sectores en donde las pymes realizan más ventas a las multinacionales, las primeras tienden a permanecer activas en el mercado durante más tiempo.

• En promedio, como se ha comentado anteriormente, el 25% del valor añadido de las pymes sería atribuible a sus ventas a las multinacionales. A su vez, en promedio entre 2004 y 2018, alrededor del 48% de las pymes se mantuvieron activas 5 años después de su creación.

• En sectores como la industria de equipo de transporte, los servicios inmobiliarios o la energía, el peso de las ventas a multinacionales en el valor añadido de las pymes supera el 40%, y la tasa de supervivencia de las pymes ha rondado el 60% durante las últimas dos décadas.

• Por el contrario, en sectores como la hostelería o la industria textil, el peso de las ventas a multinacionales en el valor añadido de las pymes es inferior al 10%, y la supervivencia de las primeras entre 2004 y 2018 ha sido inferior al 44%.

En esta misma línea, la tasa de mortalidad empresarial (número de empresas que cierran cada año respecto al stock total de empresas) ha sido mayor en aquellos sectores que menos vínculos tienen con las empresas multinacionales establecidas en España, como la hostelería y el textil, mientras que la resiliencia observada por las pymes de los sectores de la energía o los servicios inmobiliarios parece estar vinculada con las ventas que estas realizan a las empresas multinacionales.

3.2 Actividad de las pymes y desarrollo de las multinacionales

Este punto tiene como objetivo complementar los apartados anteriores mediante la perspectiva inversa, es decir, en qué medida la demanda de las pymes contribuye al éxito de las empresas multinacionales en España. Desde un punto de vista teórico, este vínculo puede parecer menos fuerte que el analizado anteriormente, dado que las compras que realizan anualmente las pymes a las multinacionales solo representan el 18% del valor añadido total de estas.

Además, el desarrollo de las filiales de las multinacionales en los distintos países puede responder en mayor medida a decisiones estratégicas globales de las matrices, que a sus vínculos con empresas locales.

No obstante, la evidencia empírica parece contradecir estos postulados teóricos, y los datos apuntan a la existencia de una fuerte relación entre las compras de las pymes y el crecimiento de las multinacionales en España.

• De media en 2019, el 18% del valor añadido de las empresas multinacionales se podría atribuir a las compras de las pymes. A su vez, entre 2008 y 2018, la cifra de negocios de las filiales de multinacionales en España creció a un ritmo medio anual del 4,1%, al tiempo que sus empleados lo hacían a un 3,3%.

• En las filiales que ofrecen servicios inmobiliarios o de hostelería, las compras de las pymes representan más de un 40% de su valor añadido, y la cifra de negocios de estas filiales creció entre 2008 y 2018 a un ritmo superior al 10% anual y sus trabajadores a más de un 6,5% anual.

• Por el contrario, las multinacionales que, por ejemplo, fabrican bienes y equipos de transporte apenas venden menos del 1% de sus productos a pymes, y su ritmo de crecimiento entre 2008 y 2018 ha sido relativamente lento, menos del 4% anual en términos de cifra de negocios y menos de un 2% en términos de empleo.

En definitiva, este apartado ha puesto de manifiesto que, más allá de las decisiones de las empresas matrices, el desarrollo de sus filiales depende en gran parte del volumen de demanda en los mercados en los que operan, factor sobre el que influyen las compras que las pymes realizan a estas filiales. Para el caso español, los datos observados durante la última década evidencian que las filiales que más han crecido en el mercado doméstico son precisamente aquellas que tienen a las pymes entre sus principales clientes.

4. PERSPECTIVAS A CORTO Y MEDIO PLAZO

Una vez analizada la magnitud del vínculo económico entre las pymes españolas y las multinacionales, es de interés anticipar su posible evolución de cara a los próximos años. En primer lugar, conviene destacar que los resultados presentados hasta ahora no contemplan el impacto de la pandemia de la Covid-19 en los intercambios entre pymes y multinacionales, puesto que la estimación se detiene en 2019. No sería de extrañar que, en 2020, y en línea con lo ocurrido para el conjunto de relaciones comerciales en España, aquellas entre pymes y multinacionales también sufrieran las consecuencias de las restricciones a la actividad. Asimismo, la situación en 2021 y 2022, si bien se espera que sea mejor a la de 2020, tampoco está exenta de turbulencias.

Más allá del posible impacto de la crisis energética sobre los pedidos y las ventas de multinacionales y pymes, el elemento con mayor potencial de impacto está vinculado con las tensiones en las cadenas de valor globales. Si bien la separación geográfica de las distintas etapas de la cadena de producción tiene sus ventajas en términos de eficiencia y ahorro de costes, dicha estrategia también es vulnerable ante shocks exógenos, tal y como ha quedado patente durante el bienio 2021-2022. Por un lado, las diversas restricciones durante la pandemia provocaron la paralización de la producción mundial, lo que afectó de manera particular al mercado de los semiconductores. La tasa de crecimiento anual de la producción de estos bienes en Corea del Sur se desplomó del 45% al 9% en los seis meses posteriores al estallido de la pandemia. Este parón en la producción, unido a una rápida recuperación de la demanda, se tradujo en una escasez en el mercado de este tipo de componentes.

Como consecuencia de todo ello, las filiales de empresas multinacionales en España de las industrias más dependientes de la importación de estos materiales (automoción, electrodomésticos, aparatos electrónicos) no han podido satisfacer todos sus pedidos durante los últimos dos años, y, por tanto, las compras realizadas por las pymes a las multinacionales en este tiempo han podido verse afectadas a consecuencia de este escenario. No obstante, parece que esta situación comienza a corregirse, y la producción coreana de semiconductores ha vuelto a crecer a ritmos interanuales superiores a los dos dígitos. A su vez, las existencias de semiconductores en las fábricas coreanas, que a mediados de 2021 se contraían a una velocidad del 25% anual, a finales del verano de 2022 ya crecían a más de un 80%.

Paralelamente, el año 2021 también estuvo marcado por los cuellos de botella en el transporte marítimo por contenedores. Este es un aspecto central en el ámbito del comercio internacional, dado que el 80% del volumen de comercio a escala mundial se realiza por mar (UNCTAD). Estas fricciones se han originado como consecuencia de los numerosos controles sanitarios que todavía persisten en los puertos (desinfección de barcos e instalaciones portuarias, cierres temporales por brotes de coronavirus) que ralentizan los cambios en las tripulaciones y amplían los tiempos en las labores de carga y descarga. Dichas fricciones logísticas, unidas a una oferta de barcos rígida en el corto plazo, han provocado congestiones en los puertos y escasez de contenedores, aumentando los precios de estos.

El origen de los retrasos se localiza en Asia, donde se encuentran los nueve puertos con más tráfico del mundo, y en concreto en China, que cuenta con cuatro de los cinco mayores puertos. La alta densidad de población del gigante asiático junto con la relativamente baja eficacia de las vacunas chinas ha propiciado que las autoridades hayan impuesto severas medidas sanitarias para contener la expansión del coronavirus, lo que ha alterado de manera notable la actividad económica en general y la logística en los puertos en particular. De esta forma, las rutas marítimas desde el sudeste asiático han sido las que más han visto crecer los precios de los fletes.

Por lo tanto, muchas filiales españolas de empresas multinacionales vieron retrasarse, incluso cancelarse, numerosos pedidos que hicieron a sus matrices o a otras filiales ubicadas dentro de su cadena de valor. Sin embargo, parece que las fricciones en el transporte marítimo ya están amainando, en tanto que el coste de llevar un contenedor de Shanghái a Rotterdam tocó máximos en septiembre de 2021 (15.000 dólares) y desde entonces no ha dejado de bajar, situándose en septiembre de 2022 en los 6.000 dólares, niveles no obstante ampliamente superiores a los registrados antes de la pandemia (2.500 dólares).

En este sentido, si bien las tensiones en las cadenas globales de valor registradas tras la pandemia de la Covid-19 (tanto en el ámbito de los semiconductores como en el transporte marítimo) han podido perjudicar la relación entre pymes y multinacionales durante los dos últimos años, no parece que estos elementos vayan a ser un factor de riesgo para sus intercambios mutuos a medio plazo. En efecto, se espera que, tras la contracción en 2020 debido a la Covid-19, el número de empleados de las empresas multinacionales en España recupere su nivel pre-pandemia durante 2022, mientras que el valor añadido generado por estas filiales se recupere en 2023. De cara a los próximos años, el refuerzo de los lazos entre pymes y multinacionales en España dependerá en gran medida de la capacidad de anticiparse y adaptarse a sus necesidades en un entorno de fuerte competencia.

5. MEDIDAS PARA EL REFUERZO DEL VÍNCULO ENTRE PYMES Y MULTINACIONALES

5.1 Fortalecimiento de la posición de las pymes

Tal y como se ha observado en el apartado 2.1 Las pymes como proveedoras de las multinacionales, en 2019 el valor añadido generado por las ventas de las pymes a las multinacionales ascendió a 74.000 millones de euros, el equivalente al 25% del total del valor añadido generado por las pymes españolas. Así, se muestra que los principales clientes de las pymes son las empresas de capital español (39% del valor añadido), seguidas de los hogares (36%). Por tanto, la cuota de las empresas multinacionales en la cartera de ventas de las pymes es relativamente menor que la de otros colectivos, si bien las empresas multinacionales conforman un grupo de tamaño comparativamente reducido.

Para que las pymes aumenten sus ventas a las empresas multinacionales, deberán incrementar la calidad y la sofisticación de la oferta de productos, con el fin de mejorar su competitividad frente a las grandes empresas que están proveyendo a las multinacionales.

Conviene recordar que, el 45% de los insumos adquiridos en España que necesitan las filiales de multinacionales los compran a grandes empresas y el 55% a pymes. No obstante, existe un importante grado de heterogeneidad sectorial. Mientras que en sectores como el inmobiliario, el textil o la hostelería, las pymes acaparan casi todas las compras de las multinacionales, en otras actividades como las finanzas, la industria del transporte o las TIC, las multinacionales tienden a elegir a grandes empresas para proveerse.

En general, el peso de las pymes en la provisión de bienes y servicios a las multinacionales es comparativamente reducido en ciertas ramas industriales (industria del transporte, agroalimentaria, química, farmacéutica y plásticos), así como en servicios avanzados (finanzas, TIC, educación, sanidad y transporte).

5.2 Fortalecimiento de la posición de las multinacionales

Actualmente, el valor añadido generado por las filiales españolas de empresas multinacionales, fruto de las compras realizadas por pymes, asciende a 22.000 millones de euros.

Esta cifra supone el 18% del total de su valor añadido en España, lejos del peso que tienen las grandes empresas (57% del valor añadido) o los hogares (25%), dentro su cartera de clientes.

La importancia relativa que tienen las compras de las pymes tampoco es homogénea por sector. Hay sectores donde las filiales venden una parte importante de sus bienes y servicios a pymes españolas, como el caso de las actividades de comercio (47% del valor añadido es gracias a las compras de pymes), inmobiliarias (36%) o hosteleras (29%). Por el contrario, las pymes no son un cliente muy relevante de las filiales de multinacionales industriales. Con el fin de aumentar las compras que las pymes realizan a las multinacionales, estas deberían adaptar su oferta de bienes y servicios a las necesidades de las primeras, que son distintas a las de las grandes empresas y a las de los hogares.

En el contexto actual, las pymes españolas deben afrontar importantes cambios en sus estructuras organizativas y en su oferta de productos, con el fin de adaptarse a las crecientes exigencias medioambientales, y aprovechar las ventajas derivadas de la digitalización.

Por gentileza de:
INFORMACION COMPLEMENTARIA:

https://www.investinspain.org/content/dam/icex-invest/documentos/publicaciones/sectores/otros/Informe-Pymes-Multinacionales.pdf  
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lunes, 18 de abril de 2022

Las principales economías de Europa dan un paso atrás

 


    Un local cerrado en Alemania, en la economía pospandemia.

El impacto de la invasión de Rusia a Ucrania y la incertidumbre que persiste por el Covid-19 tuvieron su efecto en varios países, según reflejan los indicadores.

Las principales economías de Europa dan un paso atrás. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ve síntomas de ralentización en los países del viejo continente: la actividad económica ha retrocedido 0,17% en marzo respecto de febrero en la zona euro, según sus indicadores publicados en los últimos días. El frenazo económico se debe a los efectos de la guerra de Ucrania, así como también a la incertidumbre que todavía persiste por la pandemia. “Hay una pérdida de impulso del crecimiento en Europa”, apunta la OCDE en su comunicación sobre el tema.

En Alemania (-0,13% en marzo), Francia (-0,25%), Italia (-0,23%), Reino Unido (-0,28%) y España (-0,16%) se observa una desaceleración de la marcha de la actividad en los últimos meses. En el caso español, si se mira el crecimiento mes a mes, la conclusión es que el país entró en terreno negativo en noviembre último, en tanto que la caída se acentúa desde entonces. Esto se suma a las previsiones de las principales casas de estudio, que reducen en unos tres puntos las estimaciones de crecimiento del PBI de España para este 2022.

En la zona euro en su conjunto, el descenso de la actividad se ubicó en 0,17%. “Se prevé una pérdida de impulso del crecimiento, espoleada por una contracción de los indicadores de confianza de los consumidores y por el aumento de la inflación”, añade la OCDE. El organismo advierte de que este indicador se debe interpretar con cautela. Como avisan todas las organizaciones que lanzan ahora sus previsiones, los cálculos están muy expuestos al devenir de la invasión de Rusia a Ucrania. Es decir, en función de la duración y de la intensidad de la guerra, los estragos económicos podrán ser mayores o menores. Además, también persisten las dudas con respecto a qué ocurrirá en el mundo con el coronavirus y las posibles nuevas variantes.

En otras regiones

Fuera de Europa, entre las economías que están dentro del organismo, la tendencia sigue siendo estable. Esto se observa con Estados Unidos, Japón y Canadá. Y entre los emergentes, China y la India mantienen un crecimiento estable. No ocurre lo mismo con Brasil, país en el cual se aprecia una desaceleración importante. Entre los Estados latinoamericanos miembros de la OCDE, sorprende la caída de Chile, con un descenso del 0,48% en marzo.

El indicador adelantado de la OCDE que se conoció días atrás trata de anticipar en un plazo de entre seis y nueve meses las fluctuaciones en el ciclo económico. Se basa en una serie de parámetros como las carteras de pedidos, los indicadores de confianza, los permisos de construcción, los tipos de interés a largo plazo y los patentamientos de automóviles, entre otros.

Sobre el zarpazo de la invasión rusa a Ucrania, la OCDE ya publicó a mediados de marzo un primer impacto sobre el impacto económico. Aunque matizaba que la situación era muy incierta y todo quedaba a expensas de la duración de la ofensiva, calculaba que el PBI global perdería al menos un punto porcentual.

En el caso de la zona euro, la caída sería incluso mayor, de 1,4 puntos, por su cercanía y por su mayor dependencia energética con Rusia. Otros organismos, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) prevén que la economía ucrania se reducirá un tercio, en tanto que el Banco Mundial modificó su estimación y acercó el desplome proyectado del producto bruto de Ucrania a casi la mitad. 

© El País

HUGO GUTIERREZ
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lunes, 21 de febrero de 2022

Miren arriba: la economía espacial redobla la apuesta en 2022 con su “año lunar”

 

Los avances tecnológicos que permitieron bajas de algunos costos hicieron que entraran en escena una docena de países nuevos y varias empresas privadas que a su vez aceleran el ritmo de innovación.

No miren arriba, de Netflix, es una muestra de cómo la agenda espacial llegó a la cultura pop Netflix

De los tonos de rojo a las imágenes blancas. En esa escala cromática se moverán las novedades de la agenda espacial de los próximos meses. Si 2021 fue un año que tuvo a Marte como actor protagónico (con varios vehículos enviados y hasta un helicóptero que siguen mandando imágenes desde el planeta rojo), 2022 será un “año lunar”, con al menos nueve misiones programadas al satélite de la Tierra, que incluyen iniciativas de Rusia y la India, entre otros países, y los primeros pasos del programa Artemis, con el cual la NASA se propone volver después de más de 50 años a la luna con una misión tripulada, a partir de 2025.

El período de la pandemia coincidió con una explosión de proyectos de países y de empresas privadas con el espacio, y la programación de 2022 muestra que esta apuesta se redoblará. El año pasado arrancó y terminó con platos fuertes: las llegadas de tres misiones a Marte en febrero (de los Estados Unidos, China y de Emiratos Árabes) y la puesta en órbita en diciembre pasado del súper telescopio James Webb, una iniciativa que comenzó a planearse en la década del 80, se demoró varias veces y costó más de 10.000 millones de dólares.

El nuevo telescopio permitirá indagar en los orígenes del universo hasta “solo” 200 millones de años después del Big Bang. En el medio hubo más de un despegue por semana con el primer tráfico intenso de turistas espaciales (por parte de empresas privadas como SpaceX, Blue Origin y Virgin Galactic) y otros proyectos como “Dart”, una sonda que despegó en el segundo semestre de 2021 y que en septiembre de este año impactará contra un asteroide para intentar desviarlo de su trayectoria.

China terminará este año su estación espacial Tiangong. Y la India y Rusia también se anotan con varias novedades espaciales que tiene que ver con la luna. En el caso de Rusia, se busca retomar el protagonismo que ese país tuvo en las primeras exploraciones entre 1950 y 1970, si bien perdió con los Estados Unidos la carrera por llegar con humanos, en 1969. La misión “Luna 25″ despegará en julio próximo rumbo al polo sur de la Luna, en la primera llegada de ese país a la superficie del satélite en 45 años.

En el Centro Kennedy de Cabo Cañaveral de La Florida, la NASA ultima los detalles para el despegue del megacohete del Space Launch System, que se hará en la tercera semana de marzo o en los primeros días de abril. Es un paso fundamental del programa Artemis, con el cual –si los preparativos salen bien y las aprobaciones presupuestarias de los Estados Unidos lo permiten– se espera volver con una misión tripulada a la Luna en 2025, algo que pasó por última vez en 1972.

Las implicancias económicas de esta carrera son enormes. Los avances tecnológicos que permitieron bajas exponenciales de algunos costos permitieron que entren en escena una docena de países nuevos y varias empresas privadas que, a su vez, aceleran el ritmo de innovación. Y volvieron rentables negocios que antes no lo eran, como el turismo espacial, el minado de asteroides o la proliferación de satélites de bajo costo, un terreno en el cual la Argentina tiene presencia con Satellogic, que semanas atrás comenzó a cotizar en el Nasdaq.

Para las personas más ricas del mundo, la conquista del espacio se convirtió en un aspiracional y un símbolo de poder, status y propósito. Jeff Bezos, el dueño de Amazon, tenía cinco años cuando vio caminar por la Luna a Neil Armstrong y a Buzz Aldrin, y vivió un “momento inspiracional”. Siempre sostiene en entrevistas que Blue Origin, su empresa espacial, es su “trabajo más importante”.

Lo mismo sucede con Elon Musk y con el magnate Richard Branson, que cobra 300.000 dólares el ticket para viajar al espacio. Otro gran jugador privado es Boeing, la fábrica de aviones, que viene testeando su nave Starliner con y sin tripulación.

Efectos de derrame

Por el lado de los beneficios, está bien estudiado y demostrado que las tecnologías que surgen de estas exploraciones espaciales tienen “externalidades” positivas muy poderosas sobre la vida y cotidiana en la tierra. Desde el GPS o las cámaras del celular hasta los filtros de agua tuvieron su origen en los laboratorios que trabajaron en las misiones espaciales (no así el velcro, como se suele sostener falsamente, ya que fue inventado años antes).

En su libro A Giant Leap, uno de los muy buenos textos que aparecieron para homenajear los 50 años de la conquista de la Luna, el periodista de Fast Company Charles Fishman argumenta que el programa Apolo facilitó la era digital que sobrevino y se masificó décadas más tarde. La naciente industria de microchips tuvo, en sus primeros diez años de vida, como único cliente a la NASA. Esto les permitió madurar y bajar el costo y el tamaño de manera exponencial, permitiendo que llegaran más rápido las computadoras personales y los celulares.

Una de las avenidas que se espera que sea transformada por las nuevas tecnologías que van surgiendo para la carrera espacial, es la de los viajes en avión en la Tierra. Desde que se anunció Starship (antes se conocía como BFR), Musk viene coqueteando con la idea de “aeropuertos” espaciales en distintos lugares del planeta, desde donde se pueda ascender y luego descender en otro punto, haciendo los viajes muchísimo más veloces. Es un camino largo, pero, si el mercado acompaña, hay que tener en cuenta que entre los primeros vuelos experimentales de principios del siglo XX a los viajes en avión comerciales pasaron solo 15 años. Y eso, con tecnología del siglo pasado.

Mientras tanto, la agenda espacial explota en la cultura pop, con récord de series, películas y documentales, en los que la ficción y la realidad tienen cada vez más puntos de contacto. Pasaron semanas entre el estreno de No miren arriba, la producción de Netflix con Leonardo Di Caprio, Jennifer Lawrence y Meryl Streep y el anuncio de la NASA de una valuación del asteroide 16 Psyche, de hierro y níquel, en el equivalente a 100 veces el PBI de la tierra.

En la película, el potencial de la minería de esteroides juega un papel relevante en la trama. Lo mismo sucede con el programa para desviar meteorito que se mencionó en los primeros párrafos. Y con las metáforas con el cambio climático, con las que hay infinidad de paralelismos. A menudo se justifican los presupuestos espaciales con el argumento de que con el calentamiento global “la Humanidad no podrá sobrevivir como especie mono-planetaria”. Pero si este problema se acelera, la solución espacial tampoco será inclusiva, ya que estamos aún a varias décadas de poder pensar en trasladar a millones de personas a la Luna o a Marte, con una vida sustentable en estos lugares. Sin spoilear, el final de No miren arriba navega en tono de comedia sobre este dilema.

Sebastián Campanario
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lunes, 29 de noviembre de 2021

Terror a bordo: auge, complejidad y colapso en la “economía del container”

 


Barcos cargueros en el puerto de Oakland, el quinto con más actividad de los Estados Unidos.

Hay muchas maneras de definir la “globalización”, pero en historia económica se suele aludir al momento en el que el comercio global comenzó a crecer, de manera consistente, a más del doble de la tasa de aumento del PBI planetario. Eso ocurrió a principios de la década del 70, y en su libro de micro-historia La Caja (The Box, 2006) el periodista Marc Levinson argumenta que este fenómeno se dio principalmente por la masificación en los años anteriores de un invento poco glamoroso y estudiado: el container.

Levinson cuenta cómo esta ecuación cambió por completo gracias a la iniciativa y al empuje de Keith Tantlinger, un ingeniero nacido en 1913 en Orange, California, en una familia de granjeros.

Tantlinger inventó los contenedores, con un sistema homogéneo de carga y descarga para trenes y camiones, lo cual redujo en forma drástica el costo del transporte marítimo y modificó el mapa económico global. Hasta ese momento, los barcos cargaban decenas de miles de ítems por separado, en un proceso mucho más arduo que el actual, y con una alta tasa de robos, roturas y corrupción. En las cinco décadas siguientes, los contenedores fueron reyes absolutos del comercio global. Hasta la pospandemia. Ahora, surgen luces rojas de alarma.

La crisis de la cadena logística internacional es uno de los principales problemas de la economía global en 2021, y lo peor es que no parece tener soluciones a la vuelta de la esquina. El colapso, que tuvo una imagen icónica meses atrás con el barco gigante encallado en el canal de Suez y que se replica hoy con fotos de puertos congestionados, está detrás del inédito aumento de la inflación en los países desarrollados, de la escasez de microchips y de todo tipo de productos, y hasta de un malestar social generalizado con consecuencias en los resultados electorales.

En el día a día se multiplican las crónicas de vida cotidiana que dan cuenta del impacto de esta situación, como una que publicó el divulgador Derek Thompson en The Atlantic, que comentaba cómo lo que era habitualmente una salida de media hora para hacer unos mandados se convirtió en una maratón mucho más larga, en la cual, al ir de local en local, se iba enterando dónde quedaba todavía papel higiénico y otros productos. “Prepárense para festejar la Navidad en algún mediodía de enero”, dice Thompson, en relación al pico de demanda por regalos para las fiestas, uno de los motivos por los que Joe Biden ordenó un plan multimillonario para renovar infraestructura obsoleta y la apertura 24/7 de los puertos de la costa oeste.

¿Cuál es el “nudo gordiano” del colapso de la cadena de transporte global? En un reciente análisis, el economista James Galbraith sostuvo que la cadena de suministros planetaria es como un “gigantesco test de Rorschach” en el que cada economista ve lo que confirma sus prejuicios: para algunos, la culpa del colapso es el exceso de demanda de la clase alta pospandemia; para otros, la ineficiencia, y para una tercera tribu hay un problema de planificación central y de regulación que provocó la “escasez de todo”.

En el medio también terciaron los economistas que ponen foco en el mercado de trabajo: los empleados en esta cadena suelen ser adultos que ya están cerca de jubilarse y no tienen reemplazo, porque ningún millennial hoy quiere trabajar de camionero (solo en Estados Unidos hay un déficit de 800.000 puestos en este rubro), cargadores de puertos u operadores de barcos. Los gremios de empleados marítimos vienen advirtiendo desde antes que nadie sobre el colapso inminente del sistema, con verdaderas historias de “terror a bordo” durante la pandemia, en la cual algunas tripulaciones tuvieron que quedarse en alta mar hasta un año y medio más de lo estipulado por las restricciones en las fronteras.

¿Cómo impacta toda esta situación en la Argentina? Para el economista especializado en organización industrial Bernardo Kosacoff, “los sectores de las automotrices, de electrónicos de consumo y de bienes durables en general (heladeras, lavarropas) son los más golpeados. Están fuertemente integrados al mundo desde la década del 80 y dependen de insumos que no se puede empezar a fabricar en la Argentina”.

Kosacoff, profesor de la Di Tella, cree que esta situación en la logística global y sus efectos (mayor inflación, etcétera) son transitoria y tenderá a normalizarse en 2022.

Otros observadores apuntan que, tras esta crisis, habrá que reconstruir una cadena de suministros que, necesariamente, deberá ser muy distinta. “Lo que muchos pensaban que era una cadena bien engrasada era, en realidad, un conjunto de operaciones absurdas, mal planteadas, contaminantes, insostenibles y operadas por trabajadores profundamente descontentos”, marca en su sitio el académico español Enrique Dans.

Hay, por supuesto, nuevas tecnologías que pueden acudir al rescate. Hoy, en promedio, los containers viajan por los océanos a un 70% de su capacidad, una ineficiencia que puede mejorar mucho con aplicación más intensiva de inteligencia artificial y de contratos inteligentes (web 3.0). En Europa ya navegan buques de carga autónomos y neutrales en carbono, que operan con electricidad. Se estima que al trasporte entre continentes genera un 3% de las emisiones globales.

“La Argentina viene sufriendo cada crisis global, y más que hablar de décadas perdidas (en especial desde la crisis del petróleo en los 70) asombra su resiliencia y su capacidad de adaptación (no así de crecimiento y menos aún de desarrollo)”, dice el economista Edmundo Szterenlicht. “Nuestro riesgo más grande hoy es que el cambio climático termine con la ventaja comparativa de la productividad pampeana”, apunta.

La combinación entre desastres climáticos y dinámicas de sistemas complejos es central en historias de antiguos colapsos civilizatorios y globalizaciones previas. El arqueólogo Eric Cline es un experto en la llamada “Edad de Bronce Tardía”, un período en el cual florecieron civilizaciones como la cretomicénica, la egipcia y la asiria. Fue una era de globalización y comercio internacional próspero: en el libro 1177 a.C. hay historias como la del rey Hammurabi (1810 a.C.-1.750 a.C) de Babilonia, que pidió unos zapatos de cuero a Creta y los mandó a devolver porque no le quedaban bien.

Pero a partir de 1177 a.C. una combinación de invasiones de los “pueblos del mar”, terremotos, malas cosechas y tensiones internas hicieron que en el transcurso de pocos años estas civilizaciones se derrumbaran con su cultura, su escritura, sus rutas comerciales y su arquitectura monumental. Una historia similar puede contarse sobre la implosión del antiguo imperio romano.

Embates exógenos (como lo fue la pandemia en los últimos dos años) pueden provocar resultados inesperados en esta complejidad. Todo en una visión que contrasta con la tecnoutopía, en un tono más gris. Gris container.

Sebastián Campanario (Argentina)
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