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viernes, 26 de agosto de 2022

Europa se convierte en una economía tercermundista

 


Estos días, la bolsa europea es la peor del mundo occidental, cerrando en rojo por tercer día consecutivo. Según informa 'The Forbes', su rendimiento es inferior al de Estados Unidos en casi 10 puntos básicos, con una caída del 22% en lo que va de año.

La inflación en Europa, en países como el Reino Unido y Alemania, es incluso peor que en México, según el artículo publicado en el diario norteamericano. Y la razón son las sanciones rusas sobre la energía como castigo por su operación especial en Ucrania, que a su vez desencadenaron una enorme subida de los precios de las materias primas que ha perjudicado más a la economía europea.

Algunos dicen que esto es bueno para Europa porque, supuestamente, al abandonar el petróleo y el gas rusos, los líderes de la Unión Europea están indicando a sus Estados miembros y a sus ciudadanos que están pasando a una economía posterior a los combustibles fósiles. Algo que los europeos, en general, solo parecen querer.

La retórica verde vs. la realidad

Ursula von der Leyen, la presidenta de la Comunidad Europea, compara el fin de la era de los combustibles fósiles con la misión lunar de Europa, refiriéndose al Green Deal Europeo, una herramienta continental para combatir el cambio climático.

Sin embargo, el artículo precisa: ''Estas acciones y la retórica no alejarán a Europa de los combustibles fósiles. Europa tiene que volver al carbón para abandonar el gas ruso y está quemándolo más para mantener la luz encendida''.

La afirmación de Alemania de dejar de comprar el carbón ruso, en realidad, no supone la reducción de su uso. El hecho de que Alemania este diciendo que renuncia al carbón ruso, solo significa una cosa: lo reciben de algún otro lugar.

El artículo de The Forbes precisa, que aunque los países europeos estén en contra de la operación, estas sanciones deben ser o revisadas o selectivas. El autor precisa:

''Occidente se ha disparado a sí mismo en el pie en materia de energía, ha hecho un gran daño a las iniciativas sobre el cambio climático y se arriesga a un aumento de los precios de los alimentos debido a la caída de la producción de fertilizantes, también gracias a las sanciones contra los proveedores rusos y al aumento de los precios de la energía''.

''Y si Bruselas no quería el carbón ruso antes del conflicto en Ucrania, seguro que ahora le vendrá bien''. Sólo las exportaciones de carbón ruso equivalen, en términos energéticos, a 165.000 millones de metros cúbicos de gas natural, según The Forbes, lo que equivale según el diario, al total de las exportaciones de gas por gasoducto de Rusia a toda Europa (tanto a los miembros de la UE como a los que no lo son).

Europa: ¿merece la pena el riesgo?

Por ahora, los operadores macroeconómicos buscan dos señales para Europa y la economía mundial. Estas son un alto el fuego en Ucrania, o que Europa esté tan desesperada este invierno que no tenga más remedio que relajar algunas sanciones.

Y a la pregunta que hizo el diario estadounidense a Vladimir Signorelli, director de Bretton Woods Research en Long Valley, de si Europa se dirige a las economías del tercer mundo, él se ríe:

"Ciertamente, van en esa dirección. Y los Verdes siguen oponiéndose a la energía nuclear en Alemania. No los entiendo. Van por la vía rápida hacia un programa energético tercermundista", afirma.

Planeta Gonzo
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miércoles, 3 de agosto de 2022

Las razones por las que las crisis ya no expanden en el mundo de la misma forma que años atrás




Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, que en los últimos días decidió una nueva suba de la tasa de interés.

La Fed decidió días atrás concretar un nuevo incremento de su tasa de interés; esa estrategia no impacta en los países emergentes como en otras épocas; varios factores explican el cambio.

Siempre que la Reserva Federal de Estados Unidos sube las tasas de interés, los inversores se preocupan reflexivamente acerca de crisis en los mercados emergentes. Hoy podría parecer que se está dando el patrón habitual. El miércoles último, 27 de julio, la Fed anunció la suba de su tasa de interés de referencia en 75 puntos básicos y dio, a la vez, una señal de alerta sobre el futuro de la economía en el país norteamericano, al expresar que los últimos indicadores de consumo y producción se habían “suavizado”. La decisión llevó la tasa de interés al rango comprendido entre 2,25% y 2,5%, el nivel más alto desde principios de 2008.

Mientras tanto, Sri Lanka se ha quedado sin divisas extranjeras, Argentina se enfrenta a la posibilidad de un nuevo default en su historia y muchos países pobres tienen problemas.

Pero, si uno analiza las cosas más de cerca, se observa que la economía mundial se ha transformado y que el impacto de los problemas en los mercados emergentes ha cambiado.

La crisis de mercados emergentes arquetípica se dio en 1997-1998. Al subir las tasas la Fed, lo cual atrajo capitales de regreso a Estados Unidos, se quebró la moneda tailandesa, y eso llevó a una situación de pánico que hundió a Corea del Sur y a Indonesia. Luego se contagiaron Brasil y Rusia y también Itcm, un fondo de alto riesgo de Wall Street, que colapsó. La calma fue restaurada por la Fed y el Tesoro de Estados Unidos, que presionaron a los bancos de ese país para que postergaran los vencimientos de créditos, y también por el FMI. Tres funcionarios estadounidenses que encabezaron el esfuerzo por apagar el incendio fueron bautizados “el Comité para salvar al mundo”.

Hace aproximadamente una década, hubo un leve eco de lo ocurrido entre 1997 y 1998, cuando la Fed dio señales de que ajustaría su política, provocando una venta de activos de mercados emergentes.

Pero, desde entonces, mucho ha cambiado. La participación de las economías emergentes en el producto bruto global a precios de mercado aumentó del 21% al 43%. La participación de Asia en el PBI de países emergentes se duplicó, alcanzando el 60%, con China e India a la cabeza y con una mayor autocontención financiera, al existir sectores bancarios encabezados por el Estado y mercados de bonos que, en gran medida, están cerrados a los extranjeros.

El peso de muchos lugares proclives a las crisis es pequeño: la economía de América Latina representa el 5% del PBI mundial, a la vez que la región significa el 1,4% de la valuación bursátil.

Otro cambio es que muchos mercados emergentes han eliminado la atadura de sus monedas a divisas extranjeras; es decir, hay dejado de tener tanta deuda en dólares y endeudamiento en el extranjero. Hoy, solo 16% de sus deudas son en moneda no local. Los gobiernos dependen cada vez más de bancos de los propios países. Muchos lugares se enfrentan a desarrollos más lentos de las crisis y de los peligros locales, como las espirales inflacionarias o los bancos zombi. Un colapso del sistema financiero chino cargado de deudas afectaría el crecimiento global, porque la economía china es grande, no porque inversores extranjeros estén expuestos directamente a ese riesgo.

Otro perfil de acreedor

El último cambio indica que, incluso donde los acreedores extranjeros son importantes, sus perfiles son diferentes. Por ejemplo, el “Club de París” de acreedores, compuesto mayormente de países ricos e instituciones multilaterales tales como el FMI, tiene menos del 60% de la deuda de los países más pobres, comparado con el 80% que tenía en el año 2006. China tiene alrededor de un quinto de esa deuda.

La buena noticia es que parece menos probable que los pánicos en los mercados emergentes provoquen daños serios al resto del mundo. Calculamos que los países que enfrentan un mayor riesgo de default hoy en día representan solamente el 5% del PBI y el 3% de la deuda pública global.

La mala noticia es que estos lugares tienen 1400 millones de habitantes, o el 18% de la población global, y enfrentan un inmenso desafío humanitario, al verse expuestos a una inflación más elevada, mayores cargas de deuda, tasas de interés altas, y combustible y alimentos caros.

La nueva distribución de sus deudas, por otra parte, significa que es más difícil llegar a acuerdos que les alivien la carga de esas obligaciones. Occidente no quiere dar ayuda que fluya a acreedores chinos. China es renuente a participar en la reestructuración de deudas, aunque cualquier comité de rescate actual necesita un miembro representante de Pekín.

Como resultado de todo ello, aunque las crisis de los mercados emergentes representen menos peligro para la economía global, pueden ser una amenaza mayor para las personas que las viven.

The Economist
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lunes, 30 de mayo de 2022

La economía del “pandemioceno”: ¿qué pasará con nuestra relación con los virus?

 

Varios científicos defienden en el mundo la hipótesis de que este momento histórico es el comienzo de una etapa signada por las pandemias; las consecuencias económicas que se derivarían de esa situación son masivas.

Un mundo lleno de nuevas posibilidades y ventanas de oportunidad que se abren de par en par. Una cornucopia de combinaciones novedosas jamás vista, que se despliegan como una flor al ritmo de la canción “Qué mundo maravilloso”, de Louis Armstrong.

Nota aclaratoria: la descripción del primer párrafo no es para los seres humanos. La referencia es para los virus y sus nuevas oportunidades infinitas.

Eso es, al menos, lo que piensan los científicos que defienden la hipótesis del comienzo de la era del “pandemioceno” una etapa signada por las pandemias permanentes. Dos fenómenos motorizan este argumento: la cercanía del Covid y sus variantes, que le dieron al contexto epidémico “saliencia”: el sesgo que en economía del comportamiento se usa para remarcar cómo ciertas tendencias que están exageradas en nuestra consideración (en relación con su verdadero peso estadístico), porque ocurrieron hace poco y están muy frescas en la mente. La fuerte presencia en los medios de nuevos brotes del Covid (aunque ya no se diferencien en gravedad de una gripe común) y la aparición de casos de personas contagiadas de viruela del mono, colaboran a profundizar el sesgo de saliencia.

El otro motor es el cambio climático, que opera sobre el campo viral por varias vías: desde el desplazamiento de fauna (que promueve interacciones que antes no se habían dado), hasta la posibilidad de que el derretimiento de glaciares libere microorganismos prehistóricos y peligrosos para los humanos.

El primer camino es el que enfatizan los biólogos estadounidenses Colin Carlson y Greg Albery (de Georgetown), quienes en 2019 comenzaron a hacer correr una simulación masiva, con movimientos de 3100 especies de mamíferos que están migrando por los cambios de temperaturas y, por ende, interactuando por primera vez. Los resultados, publicados un mes atrás, muestran que, según Carlson, “la red planetaria de virus y vida salvaje se está reconfigurando en este instante”. Los efectos en cascada para nuevas enfermedades que esperaban encontrar los biólogos iban a darse en la segunda mitad del siglo, pero los resultados indicaron que van a ocurrir mucho antes.

Las consecuencias económicas que se derivan de esta hipótesis, de confirmarse, son masivas. Afectan desde los costos en salud hasta los impactos en la industria turística (se trata de una variable central para que una aerolínea decida invertir en un avión, o una cadena hotelera en un nuevo edificio), hasta el futuro de la modalidad de trabajo (se definirá si las compañías sostendrán un mayor grado de hibridez “por las dudas”).

El “pandemioceno” también es uno de los escenarios favoritos de los futurólogos. En una reciente discusión sobre “el mundo en 2050″, el neurocientífico, futurista y escritor de ciencia ficción Eric Hoel arriesgó que, en términos de avances médicos, el último siglo fue único, y que a futuro habrá una suerte de “regresión a la media” y nos pareceremos más a otros períodos históricos como el Renacimiento, cuando las madres europeas les mandaban cartas a sus hijos viajeros y les recomendaban qué ciudades evitar por la propagación de plagas.

Empate permanente

Al infectólogo argentino Fernando Polack le viene bien lo de “renacentista” por la variedad de conocimientos que cultiva (además de ser una autoridad global en su campo médico es concertista de piano y juega muy bien al fútbol, “un 9 pisador”, según lo describe un excompañero del secundario), pero no está muy de acuerdo con la comparación de Hoel. “Yo tengo una visión distinta. En mi experiencia de trabajar con estos temas desde los 90, cada tanto estas hipótesis tremendistas surgen cíclicamente. Me acuerdo de un médico con el que trabajé que me decía que los mercados orientales están llenos de animales desde hace cientos de años, y que todos los días hay millones de personas que viajan y no nos morimos todos los días. Hay una visión distópica más ligada a la ciencia ficción, a un sector que piensa en un mundo más ‘Mad Max’ de lo que realmente es”, cuenta Polack.

El infectólogo fue el responsable, entre otras investigaciones, de los primeros estudios globales que llevaron a la vacuna de Pfizer. En una reciente entrevista con el economista Eduardo Levy Yeyati relató que la Argentina no tuvo esa vacuna de entrada “por una serie de errores” y malas lecturas de la realidad.

Para Polack, es cierto que el cambio climático desplaza a algunas especies que provocan ciertas enfermedades (el caso del dengue es un buen ejemplo), “pero saca a animales de zonas donde antes estaban también; no es unilateral el cambio. La mezcla entre virus es enormemente compleja. Tiene mucha prensa y está de moda esta especulación, hablar y asustar suena moderno”. Y agrega: “Esta idea de que vivimos en pandemia permanente es totalmente falsa”.

Del lado del vaso medio lleno, puede decirse que hay también nuevas tecnologías y avances que permiten lidiar mejor con el eventual potencial destructivo de las combinaciones de los aproximadamente 4000 tipos de virus que residen en mamíferos. La inteligencia artificial permite identificar las variantes más dañinas de manera más fácil, y las vacunas llegan más rápido que antes y con estrategias nuevas, como la de ARN mensajero.

“Lo más importante es que estos avances sean lo más precoces posibles, y que lleguen rápido al pie de cama de un hospital para mejorar la prevención y el tratamiento de las enfermedades”, explica ahora la infectóloga Wanda Cornistein, jefa del área de prevención y control de infecciones del Hospital Universitario Austral. “También es fundamental tener plataformas homogéneas con las vacunas, para poder ganar flexibilidad; y, en última instancia, innovar en aspectos culturales y conductuales para generar hábitos a nivel masivo que permitan mitigar una de las mayores causas de muerte estimadas para el año 2050″.

Carlson y Albery titularon su estudio con la palabra “Iceberg” por motivos obvios: según ellos, con el Covid estamos ante la punta de un fenómeno que puede ser mucho más grande y costoso para el planeta. Y, como el Titanic, podemos chocar contra él. Pero la referencia viene a cuento también del cambio climático que está derritiendo estos grandes bloques de hielo. “El momento de trabajar en el cambio climático para impedir la propagación de virus ya pasó hace 15 años. Ahora estamos 1,2 grados por encima del promedio previo y no hay forma de pedalear para atrás”, sostuvieron en su informe.

En este ajedrez de las ciencias de la vida, dice Polak, el virus del Covid “ha hecho tablas –como pasó con todos los virus respiratorios– y nos ha dicho a los humanos: ‘Yo voy a vivir en tu nariz y vos vas a defender tu pulmón. Y así vamos a coexistir”. Si es así, la canción de Louis Armstrong mencionada en el primer párrafo podría valer tanto para humanos como para virus y ser la música de fondo de este empate permanente.

Sebastián Campanario
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