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miércoles, 10 de septiembre de 2025

Lo que Steve Jobs, Michael Jordan y Eleanor Roosevelt nos enseñaron sobre el miedo

 


Steve Jobs, Michael Jordan Eleanor Roosvelt. Tres figuras admiradas por distintos triunfos. Cada una de estas celebridades ha sido citada por millones de personas y sus filosofías nos han brindado lecciones para todo.

Mucho podemos ganar de nuestros miedos

“Tu ganas fuerza, coraje y confianza por cada experiencia que te ha aterrado. Sólo así te puedes decir a ti mismo: ‘si he pasado por esto, puedo con todo lo que venga después.’”

Esa cita de Roosevelt es particularmente poderosa porque rompe con el típico tabú de un líder hablando de no tener miedo; ya sabes de “aquellos que en lugar de sangre, tienen líquido helado pasando por sus venas. Mismos que se encuentran salvando el día, dejando atrás a todos los que quisiéramos tener un poco de esa valentía”.

La manera en la que reaccionamos ante situaciones difíciles es la verdadera clave, y la forma en la que ésta se da es gracias a nuestras experiencias. En otras palabras, estas reacciones pueden ser enseñadas, aprendidas y mejoradas, y fue la primera dama quien puso en perspectiva este tema, no sólo al decir que el miedo era real, sino al demostrar que uno puede crecer a partir de él.

Piensa qué sería lo peor que puede pasar

¿Realmente tengo tanto qué perder? En el famoso speech que Jobs dio en la Universidad de Stanford en 2005, no utilizó directamente la palabra “miedo”, pero sí habló de la herramienta contra el miedo a fallar.

“El acordarme que moriré pronto es la herramienta más importante que he encontrado para tomar grandes decisiones en mi vida. Las expectativas, el orgullo y el miedo al rechazo se deshacen ante la muerte dejando ver lo único importante. Recordar que morirás es la mejor manera de no caer en la trampa de tener algo que perder. Ya estás desnudo, no hay razón para no seguir tu corazón.”

El cofundador de Apple uso este “pensamiento macabro” en vida para nunca olvidar que la ésta es muy corta para preocuparse. Fue este truco mental el que lo hizo enfocarse en el progreso en lugar de quedarse paralizado.

El miedo es sólo una ilusión

“Tal vez un día me vean jugar a los 50” dijo Michael Jordan sonriendo. “No te rías. Nunca digas nunca, los miedos son límites y éstos son a veces una ilusión.”

Piensa en un niño que tiene miedo de hacer algo nuevo. Mamá y papá incentivarán a que su hijo se aviente el clavado o pedalee la bicicleta. Una vez que el pequeño lo hace, sonríe. Es ahí cuando los padres le preguntan “no estuvo tan mal, ¿o sí? ¿No estás orgulloso de siquiera haberlo intentado?”

Como niño necesitamos un constante “recordatorio” de que lo podemos hacer para que este miedo no se quede clavado en nuestra mente. Los papás saben que sacar al niño de su zona de confort es una parte crucial para su desarrollo, para que así entiendan qué es lo que el miedo conlleva.

Como Jordan dijo, como hay miedos que son críticos para la supervivencia del ser humano, existen otros que solamente son una ilusión.

Cuando te detienes a reacomodar esos miedos, como lo hace un niño al pensar “no estuvo tan mal intentarlo” ganarás el coraje para decidir que es lo que está bien, aunque esto te asuste momentáneamente.

El héroe, villano, ganador, perdedor, líder o seguidor se enfrentan a miedos idénticos. La única diferencia es la manera en la que éstos son procesados y mostrados.

Al momento de encarar nuestros miedos, tenemos que recordarnos a nosotros mismos que la gente que vemos hacia arriba también ha tenido inseguridades, pero que ha aprendido a conquistarlas.

Por Marty Fukuda

Por gentileza de

Fuente: entrepreneur

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viernes, 18 de julio de 2025

Necesito ayuda: El primer paso hacia el cambio


Me siento un fracasado, no valgo nada, todo lo hago mal. No puedo salir de esta situación, me estoy acostumbrando tanto a no vivir, que ya no se hacerlo, ni siquiera se si tengo ganas de intentarlo (Jose)

Necesito ayuda.

La ansiedad se instalado en mi vida, no puedo parar de pensar cosas que no me gustaría que existieran ni tan solo en mi mente, he dejado de tener el control, quiero recuperarlo pero no se como, siento que me estoy volviendo loca.(Marta)

Necesito ayuda.

No estoy bien, esta relación me está matando, llevo un tiempo mal conmigo misma. Me voy dando cuenta cada vez de más diferencias entre nosotros, de la incompatibilidad moral, la forma de vivir y pensar… no soy feliz con el pero tampoco puedo dejarle. (Gabriela)

Necesito ayuda.

Me siento perdido, no se que hacer con mi vida, siento que estoy malgastando los mejores años de mi vida dando vueltas en círculos. No se que me gusta, qué quiero, quién soy. Solo quiero ser feliz, encontrar mi camino (Daniel)

Jose, Marta, Gabriela y Daniel (No son sus nombre reales) empezaron a transformar su vida cuando las palabras necesito ayuda aparecieron en su mente.

Jose, Marta, Gabriela y Daniel revolucionaron su vida, la transformaron por completo y hoy por hoy gozan de una vida plena, acorde a sus valores y han aprendido los recursos necesarios para utilizarlos en caso de tener que volverse a enfrentar.

¡Mamá, mamá! Necesito ayuda.

¿Cuántas veces has presenciado esta escena?

Cuando somos niños no nos da ningún pudor pedir ayuda “Mama, ayúdame a abrocharme el abrigo” “Papa ¿Me ayudas a terminar el puzzle interminable?”

Sin embargo cuando crecemos parece que la cosa cambia.

¿Cuántas veces has empleado una cantidad increíble de recursos en resolver algo que hubiera sido realmente fácil si tan solo hubieras pedido ayuda que supiera resolverlo?

¿Cuantas veces te has mantenido durante días, meses, e incluso años en una situación que no te gusta por la misma razón?

¿Por qué es tan difícil entender que el mundo sería en lugar mejor si ayudamos a los demás y nos dejamos ayudar?

¿Por qué nos cuesta tanto pedir ayuda?

Voy a tratar de desglosar las principales razones que están favoreciendo que en ocasiones nos compliquemos la vida más de lo recomendable para nuestra salud mental.

El orgullo
  • Volvamos a otra escena de la infancia “Mamá, mamá, lo he conseguido yo solo” “Mamá ¡Déjame! puedo hacerlo solo”
  • “Muy bien hijito, claro que si, tú solo puedes” “No voy a ayudarte, puedes hacerlo tú solo”
Estás frases que en la mayor de las veces son positivas y favorecen la seguridad en uno mismo y la autonomía pueden convertirse en un arma de doble filo si como padres mandamos bien intencionados mensajes al niño dándole a entender que “Los niños listos hacen las cosas solos y no necesitan ayuda” “Pedir ayuda es de cobardes, los valientes resuelven solos sus problemas”

Es entonces cuando entra el juego el orgullo y nos sentimos vulnerables e indefensos cuando no sabemos resolver una situación, sintiendo vergüenza de mostrar aquello que consideramos una “carencia” al resto del mundo.

Es entonces cuando no entendemos que aquello que consideramos una “carencia” es tan solo parte de nuestra condición humana, y que la conducta de ayuda, de colaboración está premiada de manera evolutiva por la madre naturaleza por alguna razón.

Pide ayuda, ayuda a los otros, déjate ayudar.

Si no lo haces no solo te mantendrás en una situación en la que gastarás una gran cantidad de recursos, que en el caso de no convertirse en un resultado, pueden generarte una gran fuente de ansiedad y frustración sino que también te estarás perdiendo la oportunidad de experimentar la bondad de los demás y de mejorar tu visión del mundo.

Estarás perdiendo una posibilidad de contacto interpersonal que puede ser realmente enriquecedora.

Miedo a lo que otros puedan pensar de mi

Esta razón está bastante relacionada con la anterior. “Voy a mostrar mi vulnerabilidad a otras personas” “Van a pensar que son débil, que soy cobarde, que no soy autosuficiente” “Van a conocer mis puntos débiles” “Me van a rechazar”

Unido quizás a una vergüenza propia “Me avergüenzo de haber echo esto, de haber consentido lo otro o de haber mantenido durante determinado tiempo una determinada situación”

A veces se nos olvida nuestro derecho a no ser perfectos y a equivocarnos todas las veces que necesitemos para aprender.

Miedo a cambiar

El paso previo a pedir ayuda consiste en admitir que tienes un problema que no sabes cómo resolver y esto normalmente genera resistencia, ya que si admites que tienes un problema te estás poniendo a ti mismo en el compromiso de movilizarte hacia la solución.

¿Y todos sabemos lo que eso implica no?

Tener que salir de tu zona de confort, descubrir partes de ti mismo que no conocías, enfrentarte a tus miedos, tus dudas y tus inseguridades. asomarte al aviso de la incertidumbre y quizás tener hacer frente a consecuencias que te gustaría poder evitar pero que son necesarias para poder avanzar.

Admitámoslo, cambiar no siempre es agradable. Y pedir ayuda, significa comprometerte con un cambio.

¿Entonces… pedir ayuda no es de cobardes?

Pedir ayuda al contrario de lo que mucha gente puede pensar es un acto de valentía, de rebeldía, de disconformidad con una situación.

Es un acto de madurez, de crecimiento, de evolución.

He pedido ayuda muchas veces en mi vida, seguiré haciéndolo cada vez que lo necesite en cualquier ámbito de mi vida y puedo asegurarte que nunca me he considerado una persona cobarde.

Pronunciar las palabras “Necesito ayuda” no es de cobardes… es el empujón que se necesita cuando tienes dudas para hacer algo”

La verdadera fuerza viene no de aparentar fortaleza todo el tiempo, sino de reconocer las propias debilidades.

Todavía hay quienes piensan que pedir ayuda es signo de debilidad, de vulnerabilidad, pero yo creo que lo que realmente es de cobardes es seguir manteniendo en el tiempo una situación que no te gusta pero que no sabes cómo resolver.

Es ver cómo pasan los días frente tus ojos mientras , cómo se te gasta la vida sin exprimirla al máximo mientras derramas tu lágrimas.

Es de cobardes malgastar todo el potencial que tienes dentro de ti y no hacer con tu vida algo realmente extraordinario.

Porque puede que la vida no sea la fiesta que esperemos pero mientras estemos aquí ¡Bailemos!

Jose, Marta, Gabriela, Daniel y muchas otras de las personas con las que he trabajado decidieron ser valientes, decidieron bailar.

¿Y tú?

Por gentileza de: 

Fuente: http://psicorumbo.com/necesito-ayuda/
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viernes, 31 de enero de 2025

𝗔𝘀𝗲𝗿𝘁𝗶𝘃𝗶𝗱𝗮𝗱: 𝗔𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗲 𝗮 𝗱𝗲𝗰𝗶𝗿 𝗡𝗢

 


La asertividad está de moda. Se define como la capacidad de mantener relaciones de igualdad , defendiendo nuestros intereses y creencias cuando así se requiera . Es un código de respeto hacia nosotros mismos pero también hacia los demás. Y ahora que todo el mundo quiere complacer al otro ( venimos de dos años insufribles ) parece que llega el momento de volver a pensar en nosotros mismos.

Con el objetivo de evitar el enfrentamiento , la tensión o la discusión , hay personas que prefieren mentir  (incluso por omisión de la verdad) . Nos cuesta decir que no porque tenemos miedo al conflicto o incluso al rechazo. Tenemos que aprender que con la verdad estaremos construyendo relaciones más fuertes y duraderas . La asertividad permite generar un patrón de confianza y un equilibrio emocional con las personas con las que nos relacionamos.

Una actitud asertiva permite manejar escenarios seguros y de confianza , donde cada uno cumple el papel que desea . De nada sirve tener una excelente relación profesional con un compañero de trabajo si estamos mintiendo permanentemente en lo que pensamos o donde actuamos.

Muchas veces debemos trabajar primero la autoestima , porque es lo que nos permite respetarnos a nosotros mismos.

Con una baja autoestima nos dejamos llevar por lo que otros quieren de nosotros y no por lo que realmente nos mueve o apasiona. Y por decir no , no estamos queriendo menos o respetando menos al de enfrente, sino todo lo contrario. La sumisión es la forma más rápida de perder el cariño hacia nosotros mismos y de alguna manera también hacia los demás .

La asertividad en el mundo profesional es todavía más importante . El saber decir no a un compañero o a un jefe cuando no tenemos la obligación de cumplir su deseo es fundamental para tener espacios de trabajo sanos . Hacer favores cuando nos necesitan está genial , pero hacerlo como hábito juega un flaco favor en tu contra . Además, la asertividad puede ayudarte a controlar el estrés, la productividad y la rabia interior. ¿Cuántas veces no hemos sabido decir que no y luego – con enfado – nos hemos arrepentido?

por Diego Antoñanzas de Toledo

Por gentileza de: 
https://grandespymes.ar
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lunes, 30 de diciembre de 2024

𝗙𝗮𝗹𝗮𝗰𝗶𝗮 𝗱𝗲 𝗰𝗮𝗺𝗯𝗶𝗼, ¿𝗰𝗼𝗻𝗱𝗶𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝘀 𝘁𝘂 𝗳𝗲𝗹𝗶𝗰𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗮𝗹 𝗰𝗮𝗺𝗯𝗶𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗼𝘁𝗿𝗼𝘀?


Si sueles pensar que serías más feliz si tu pareja, padres, amigos, el gobierno o incluso el propio mundo cambiaran, es probable que estés sufriendo lo que se conoce como “falacia de cambio”. Obviamente, imaginar un mundo mejor y luchar por conseguirlo no es negativo, pero condicionar tu felicidad a que se produzca ese cambio suele ser una espada de Damocles que, más temprano que tarde caerá sobre tu cabeza.

¿En qué consiste la falacia del cambio exactamente?

La falacia de cambio es una distorsión cognitiva que consiste en pensar que nuestro bienestar y felicidad dependen de que los demás cambien. En la práctica, sentimos la necesidad de cambiar a quienes nos rodean porque creemos que solo así podremos sentirnos bien, de manera que ponemos nuestras esperanzas en que esa transformación se produzca.

La falacia del cambio nos hace pensar que las cosas irían bien si tan solo pudiéramos influir más en los demás. Creemos que todo sería mejor si los otros cambiaran. Por tanto, en su base se encuentra la creencia errónea de que nuestro bienestar depende de los actos de los demás y la idea de que tenemos poder para influir en sus decisiones, actitudes y comportamientos.

¿Por qué el cambio de los demás no puede garantizarnos la felicidad?

La falacia de cambio nos tiende una trampa al hacernos pensar que nuestra felicidad depende de los demás. Desarrollamos un locus de control externo al atribuir nuestro bienestar casi exclusivamente a lo que hagan, piensen o sientan los demás.

Creemos que para satisfacer nuestras necesidades, son los otros quienes han de cambiar. Pensamos cosas como “si mi pareja cambiara, tendríamos una relación estupenda”, “estaría feliz si mi jefe cambiara” o incluso “estaría mejor si el gobierno cambiara”. La sintaxis siempre es la misma: “si tan solo cambiara tal cosa, entonces yo podría…”.

Sin duda, tener una pareja más solícita, un jefe más comprensivo o un gobierno que entienda mejor las necesidades de los ciudadanos podría mejorarnos la vida y hacernos más felices. Sin embargo, supeditar nuestro bienestar y condicionar nuestra felicidad al cambio de terceras personas es como hipotecar nuestra vida sin ninguna garantía.

Ponernos en manos de los demás en realidad nos condena a un estado de insatisfacción permanente ya que es poco probable que consigamos esas relaciones ideales o esas circunstancias perfectas. Como resultado, nos condenamos a perseguir un imposible.

Poner nuestras esperanzas en que el otro cambie también implica, de cierta forma, asumir una actitud egocéntrica en la cual suponemos que el mundo gira a nuestro alrededor, de manera que debe adaptarse a nuestras necesidades y deseos. La vida no funciona así. Y cuanto antes lo asumamos, mejor.

Destinar nuestros esfuerzos a conseguir el cambio que deseamos en los demás, muchas veces sin siquiera preguntarnos si las otras personas quieren o están dispuestas a cambiar, suele ser una condena al fracaso.

Creer que si los demás cambiaran, todo sería mejor, y luego intentar obligarlos a hacerlo, no hará más que generar tensión y conflictos. Terminaremos malgastando una energía preciosa que podíamos haber usado en desarrollar estrategias más adaptativas para lidiar con nuestra realidad.

¿Cómo contrarrestar la falacia de cambio y recuperar las riendas de tu vida?

Albert Ellis pensaba que “hay tres monstruos que no nos permiten avanzar: tengo que hacerlo bien, tienes que tratarme bien, y el mundo debe ser fácil”. Ellis, quien fundamentó su teoría en la filosofía estoica, la cual sostenía que la perturbación emocional no depende directamente de la situación, sino de la interpretación que le damos, consideraba que todos desarrollamos diferentes creencias irracionales que matizan nuestra manera de ver el mundo y la forma de reaccionar ante los acontecimientos.

La falacia de cambio se sustenta precisamente en muchas de esas creencias irracionales, como pensar que “la desgracia humana se debe a causas externas”, que “es terrible que las cosas no vayan como las habíamos planeado” o que “las personas significativas deben amarnos y aceptarnos”. Estas creencias tienen algo en común: proyectamos sobre los demás la responsabilidad de diseñar nuestra propia vida.

Obviamente, esas distorsiones cognitivas se agudizan cuando tenemos dificultades porque tenemos la tendencia a proyectar los errores en los demás. Es más fácil culpar a los otros cuando las cosas van mal, desempeñar el papel de víctimas o incluso sentirnos con derecho a pedir que los demás cambien.

Sin embargo, “la persona emocionalmente madura debe aceptar por completo el hecho de que vivimos en un mundo de probabilidades y de azar, donde no hay, ni probablemente jamás habrá, certezas absolutas, y debe darse cuenta de que no es para nada horrible”, como explicara Ellis. A lo largo de la vida nos encontraremos con muchas personas y situaciones que no nos gustan y que no podremos cambiar. Podemos dejar que arruinen nuestro día o incluso nuestra vida – o podemos decidir cómo responder.

Para contrarrestar la falacia del cambio y evitar la tentación de responsabilizar a los demás por nuestra felicidad y bienestar, podemos preguntarnos: ¿qué pruebas tengo para creer que mi bienestar depende exclusivamente de que ese cambio?

No obstante, la pregunta realmente transformadora es: si la persona o la situación no cambia, ¿qué puedo hacer yo para sentirme mejor? Así nos obligamos a volver los ojos que apuntaban hacia afuera al verdadero protagonista de nuestra vida: nosotros.

Entonces podremos retomar el control y encontrar la felicidad y el bienestar por el que responsabilizábamos a los demás. Cuanto más elijamos aceptar la responsabilidad por nuestra vida, más poder ejerceremos sobre nuestro destino. Además, aceptar la responsabilidad por nuestros problemas es el primer paso para resolverlos.


     Juan Carlos Valda


Fuentes:

Kaufmann, M. et. Al. (2022) Blaming others: Individual differences in self-projection. Personality and Individual Differences; 196: 111721.

Cohn, M. A. et. Al. (2009) Happiness Unpacked: Positive Emotions Increase Life Satisfaction by Building Resilience. Emotion; 9(3): 361–368.

Ellis A. (1962) Reason and emotion in psychotherapy. Nueva York: Lyle Stewart.


Por gentileza de: 

https://grandespymes.ar 
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